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Opera en el vacío - Capítulo 20

Hay diferentes formas de manejar el dolor. La primera es llorar y Edward hizo bastante de ello, pero se aburrió pronto. Tras lanzar el cadáver de su esposa al espacio, decidió maldecir al mundo. Las muchas protestas de Fyona, su acompañante de vuelo, lo hicieron aburrirse de eso también. Entonces se dedicó a cocinar y como a Fyona no le molestó, siguió haciendo eso los 8 días restantes de su viaje.

El problema era que solo tenía proteína sintética en su nave. Por lo que tras crear más de treinta recetas gourmet de proteína y agua mineral, decidió ser hombre y dedicarse al trabajo.

Axe le dio la misión de rescatar a Cris, su exesposa, de la prisión. Ella murió en el intento de escape. La verdadera misión era obtener datos estratégicos que sólo ella poseía. Antes de morir, Cris le dio a Ed una clave que abrió un archivo guardado en su cuenta del Synapse. Un mensaje que no fue escrito para Axe sino para Ed.

Al final de ese mensaje, estaban los datos para Axe.

- Los motores están desacelerando – dijo la voz de Fyona en toda la nave -. Saldremos de velocidad subluz y saltaremos a las coordenadas finales de la misión en una hora.

Ed salió de su camarote y subió al puente de mando. La nueva Opera era muy similar a su vieja nave, pero no la misma. Eso lo hacia sentir un pasajero más en vez de un capitán. Quizás por eso, Fyona había sido quien había pilotado Opera todo el tiempo desde el escape de la Prisión Alegría. Ed encontró a Fyona cómoda y concentrada en su silla.

Ed puso su mano sobre los controles del puente para chequear si ya tenía acceso al Synapse. Sintió el sorpresivo calor humano cuando Fyona posó su mano sobre la suya. Al ver a Fyona, con su mirada de comprensión y apoyo incondicional, dedujo que debía verse miserable y desgraciado. Odiaba ser visto así por otros, así que sonrió, tomo la mano de Fyona e hizo que su cuerpo girara por completo en la silla del capitán, como bailando.

La nave salió al final de velocidad subluz y entró al espacio normal. En el lugar más vacío posible del espacio. En las pantallas de navegación al fin se veía un cielo quieto y estrellado.

- Ya podemos saltar a donde está Axe – dijo Fyona.
- No, espera – pidió Ed -. Quiero conectarme al Synapse antes de eso.

Instintivamente, lo primero que chequeó fue su cuenta bancaria. Era millonario.

- ¿QUÉ? – gritó Fyona al ver el numero en la pantalla del puente.

Ed chequeó el número de nuevo. No era millonario. Era billonario. Diez billones de lairos. Suficientes para comprar su propio escuadrón de fragatas Gigas como Opera. ¿Escuadrón? Podía comprar un astillero y construírselas el mismo ¿Esto le pagó Axe por la misión? Axe nunca paga por adelantado. Chequeó en detalle las transacciones.

Todo eran micropagos. Pequeñas sumas de dinero consignadas por millones de personas. Diez, veinte, quinientos, mil lairos. Ed decidió buscar su nombre en el Synapse. Luego estrello su cabeza contra el panel del puente.

Millones de sitios hablaban de “La leyenda de Edward Lorentz”. Varios medios especializados y cultos publicaron todos sus movimientos desde su caída en Rashya hasta su muerte en Presea. El más visitado de todos era el servicio de noticias de la Federación de Comercio, donde artículos escritos por el mismo Axe resaltaban el heroísmo de Edward hasta el momento de su muerte. Ed estaba muerto para todos, incluso para el banco. No podía mover su propio dinero porque creían que él no existía.

Ed alejó el dinero de su mente e ignorando los cálculos de Fyona de cuanta parte era para ella, accedió a un resumen de noticias.

Guerra. Guerra por todos lados. Siete meses de guerra entre Xenos y el resto de la galaxia. Presea completamente controlada por Xenos, los campos de sembrado manual destruidos y reemplazados por una base militar. Las Fuerzas de Paz aliándose con la Federación. Auros controlada por Xenos. Cinco victorias de “La Flota” contra cincuenta victorias de Xenos. Decenas de planetas del anillo externo declarándose parte de la nueva “Región Administrativa Empresarial” de Xenos.

Más intrigante aún: Avisos de emergencia pidiendo no usar implantes Synapse. Miles de sitios sólo accesibles usando implantes estaban inoperativos. Comunidades gigantescas pidiendo ignorar las advertencias, asegurando que es racista exigir cosas sólo a los portadores de implantes. Reportes continuos de personas que pierden el conocimiento por segundos al usar implantes. Lo más bizarro: Gente que le encanta la experiencia de ese desmayo y lo comparan con el placer más intenso.

Ed encontró un artículo de Axe, usando una de sus identidades falsas, explicando lo que él decidió que era la verdad. Xenos encontró la forma de romper la seguridad del cerebro humano y estaba usando a las personas conectadas como computadoras para calcular los saltos gravitacionales imposibles del GEG. En el primer mes de usar a la humanidad, Xenos incluyó la estimulación profunda de los recuerdos más placenteros para hacer a la gente adicta a la experiencia.

Ed pensó inmediatamente. Era imposible hacer eso. Transmitir un mensaje tan gigante a tantos cerebros dispersados por la galaxia requería un ancho de banda de proporciones ridículas. Ed calculó a partir de los mensajes de alerta que media humanidad portadora de implantes había sido violada. La conexión al Synapse necesaria para hacer eso no existía.

La solución era obvia y se sintió estupido. Xenos controlaba uno de los principales hubs emisores de paquetes del Synapse en su planeta matriz, Xenum. Presea tenía otro hub y lo controlaron. Al igual que Auros y muchos de los otros objetivos militares de la guerra. Hizo un mapa mental de la galaxia y trazó un grafico mostrando el comportamiento espiral de Xenos en sus objetivos. Xenos quería controlar los emisores del Synapse. Los próximos objetivos eran claros en su cabeza. Los hubs emisores sí que tenían el ancho de banda.

Ed ya tenía cómo salvar a Axe de si mismo.

- Salta – le dijo a Fyona y la nave saltó.

Las coordenadas del destino final llevaron a Opera, de nuevo, a la mitad de la nada. Lo más cercano a donde ahora flotaba la nave era un sistema protoplanetario con una estrella brillante, pero lejana. El radar y los sistemas ópticos de la nave escanearon todo el sector y no encontraron nada. Ed vio en la pantalla del puente un mensaje con un cifrado militar altísimo. Recordó recibir mensajes así en la guerra, por lo que lo abrió usando la vieja clave de aquella época.

<<Hola Edward.

Sinceramente espero que seas tú. Incumplido como siempre. En las coordenadas adjuntas a este mensaje encontrarás un asteroide invisible a tus sistemas. Toma como punto cero la posición actual de tu nave.

PD. El dinero de tu cuenta bancaria es mío, no pienses tocarlo.>>


Era un mensaje de Axe. Fyona obedeció el mensaje y se encontraron con una base militar resguardada por cientos de satélites tácticos que generaban la ilusión de que nada existía dentro de su perímetro. Tras atravesarlos vieron una gigantesca flota de naves de todo tipo. Muchísimas naves de las Fuerzas de Paz, estaciones espaciales convertidas en centros de combate, naves comerciales... ¡Taxis!

La convención de naves más miscelánea posible, con algo en común. Todas portaban el logo de la Flota de los Tres Soles. Improvisado. Pintado a las carreras y en ocasiones, erróneo y desproporcionado. Pero era el símbolo de la Flota.

En el centro de todo, doce asteroides pequeños rodeaban un asteroide gigante que en otras condiciones podría ser una luna pequeña. Cada asteroide tenía acoplada una estación de batalla Persephone de la Fuerza de Paz, pero el grande tenía toda una base de colonización en su superficie. Opera descendió a esa base.

- ¿Qué carajo te retrasó? – reclamó Rena, llegando a recibirlos en la zona de parqueo de la base.

Edward y Fyona bajaron de Opera. Ed portaba un maletín de seguridad que requeriría el cañón de un destructor para ser abierto. Fyona tenía un apretado vestido que la hacía aparentar más edad. Ambos lucían como soldados que no han tomado un baño en semanas, lo que era verdad.

Edward sólo reconoció a Rena por el tono de su voz. Vestía un traje de soldado de la Flota. Su cintura la adornaban dos armas de plasma y varios cargadores de energía. ¡Su cabello era largo y rizado! La gravedad en el asteroide era un tres por ciento de G, haciendo que el cabello de Rena diera saltos lentos y elegantes. Ed no podía creer lo sexy que se veía, aunque prefería el cabello rojo de antes al negro de ahora.

- ¿Dónde está Cris? – preguntó Rena inmediatamente.
- Está muerta – dijo Ed solemne.

Rena dejó de caminar hacia ellos, miro a los ojos de Ed y luego le quitó la mirada.

- Mierda Ed...
- Mierda ciertamente.

Rena se le acercó, dio un corto abrazo a Ed, que lo recibió sin protestar, luego una palmada en la cabeza a Fyona, indicándole que reconocía su existencia, luego saltó de vuelta por donde vino.

- Síganme.

Ed saltó con Fyona y notó insignias de teniente de la Flota en los hombros de Rena. La base estaba llena de sistemas de defensa contra invasiones, pero muy pocos seres humanos. Todas las personas con las que se encontraban miraban a Ed y murmuraban. Al llegar al centro, una capsula de transporte los llevó varios kilómetros adentro del asteroide. Todo un ejército armado de la Flota se encontraba en ese lugar.

Axe vio llegar al grupo. Se asombró de no ver a Cris. Ed vio a Rena hacerle una seña a Axe y este se acercó al grupo.

- No tienes idea como siento lo de Cris.

Ed no dijo nada. Axe miró el maletín de Ed.

- ¿Misión cumplida?
- Cumplida.

Axe le ofreció su mano a Ed y él la apretó dudoso.

- ¿Cómo está la situación, Axe?
- Asquerosa. Las victorias que hemos ganado han sido pocas. El padre de Rena ha sido el gestor de la mayoría de ellas.
- ¿Y el estado de la flota?
- Todas las naves afuera son La Flota. Sólo falta un pequeño escuadrón de fuerzas especiales de las Fuerzas de Paz.
- ¿Por qué? - preguntó Fyona con el claro deseo de ser parte de la conversación.
- Es el escuadrón del general Von Volfied - respondió Rena -. Están constantemente saltando y haciendo ataques de guerrilla. Golpear y correr. Son lo más efectivo contra las fragatas GEG. Sus habilidades de salto sin restricciones hacen imposible el combate tradicional.
- No es imposible ganar - aseguró Axe -. Tenemos una estrategia y con lo que Edward trajo será ejecutada.
- Tengo una estrategia mejor - dijo Ed.

Axe no lo cuestionó.

- Dímela.
- Piensas en un ataque instantáneo, múltiple, sincronizado y altamente destructivo.
- ¿Cómo lo sabes, Edward?
- ¿Tus objetivos son zonas militares, plantas de producción y sitios simbólicos de Xenos? - preguntó Ed.
- Es una forma de llamarlos.
- Olvídalos, destruye estos.

Ed manipuló una terminal cercana y en un mapa de la galaxia marcó la lista de hubs del Synapse controlados por Xenos. Luego marcó los próximos hubs que el esperaba fueran atacados por Xenos. No hubo necesidad de explicar más, todos entendieron bien el plan.

- ¿Destruir los hubs es tu gran idea? - preguntó Rena -. ¿Quieres destruir el Synapse?
- La red Synapse es indestructible - aseguró Axe -. Pero ese movimiento degradará el ancho de banda de todos los planetas. Muchas aplicaciones dejarán de funcionar y será imposible conectar cerebros directamente.
- Exacto - dijo Ed.
- Pero eso matará a la gente abducida del Synapse - razonó Fyona.

Axe pensó.

- Esa es una demografía irrelevante. Edward, no tienes idea de cuantas vidas acabas de salvar.
- ¿Hay cambios al otro plan? - preguntó Rena.
- No - respondió Axe.
- Prepararé todo - dijo Rena, incomoda.

A las órdenes de Rena, todo el personal evacuó la base.

- Dame el paquete, Edward - dijo Axe.

Ed abrió, con su llave biolografica, el maletín. Una pequeña botella con sangre de Cris estaba ahí. Axe la tomó y abrió una gran caja donde se encontraba el GEG. El Generador de Energía Gravítica original que Ed y Cris habían robado hace tanto tiempo. En su consola de control soltó una gota de sangre y la llave biolografica de Cris fue aceptada.

- ¿Cuál es la clave? - preguntó Axe.
- GIGAS86003FTSOPERATEODIOAXE - recitó Ed.
- Ha!

Todos los sistemas del GEG se encendieron. Axe transmitió el ahora accesible software del GEG por el Synapse a todos los Persephone de la base. En una terminal creó mapas de ataque basados en el plan de Ed, que también transmitió a los capitanes de su flota. Entonces abrió un canal de comunicación a todas las naves.

- A partir de este momento estamos en condición roja. Cualquier persona que intente saltar, escapar o transmitir algún mensaje por el Synapse es un espía. Si invertiste tu tiempo en la Flota para jodernos desde adentro, ya es demasiado tarde.

Dio una pausa a su discurso y continuó en tono solemne.

- Hace meses, les pedí a todos, capitanes y soldados de la Nueva Flota, que confiaran en mí. Los mantuve en la sombra acerca del plan y aún así, todos siguieron conmigo. Hoy, gracias a Edward Lorentz, el ataque final se hace realidad. Él nos ha entregado el acceso al sistema de cálculo mental de los GEG de Xenos, que podemos usar en los Persephone de nuestra flota. Su misión es usar el máximo poder de cada estación Persephone, acelerar los asteroides asignados a cada uno y saltar a los objetivos marcados. Impactarán los asteroides contra sus objetivos y destruirán la capacidad de Xenos de usar el GEG para la guerra. Una vez más les pido confiar, los sacrificios no serán en vano. Salten a mi señal.

Mensajes de euforia y alegría se escuchaban a lo lejos de la base y seguro Axe los leería en el Synapse. Todas las naves sueltas de la flota se acoplaron a los Persephones como abejas regresando a su panal. El plan era simple. Un persephone, con su GEG, haría saltar un asteroide justo en frente de un hub, que sería destruido por el impacto. Las naves de cada Persephone darían fuego de cobertura y destruirían otros vehículos enemigos en las cercanías.

Rena regresó, sus pupilas irritadas, su postura insegura.

- El último grupo está evacuando la base, sólo queda una nave de escape y Opera - informó Rena.
- Entonces has de abordar esa nave - declaró Axe.
- No - respondió ella, quebrándose su voz.
- Ya hablamos de esto - dijo Axe, tomando de la mano a Rena -. Ya sabes que es necesario. Vete. Te veré arriba.

Rena dio al presidente de la Federación un abrazo de sincero amor y salió del lugar, mirando una ultima vez a Ed con una combinación de ira y suplica.

- Ed - susurró Axe -. El planeta madre de Xenos... Xenum... Voy a destruirlo.
- Ya lo sé Axe - dijo Ed, apuntando un arma a la cabeza de su capitán, jefe, amigo.


Proximo capitulo: El final.

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