ir al contenido

¿Es el Kindle la revolución de los libros que esperábamos?

Publicado hoy

Salvo que por alguna extraña razón hayas estado viviendo debajo de una roca o dentro de una cueva los últimos días, debes haber escuchado de alguna manera sobre Kindle, la nueva propuesta de Amazon.

Kindle es un dispositivo móvil orientado a la lectura de libros en formato electrónico, similar a Sony Reader, o el Cybook Ereader.

Utiliza la tecnología E-ink, un novedoso sistema de pantalla que permite, en términos claros, evitar el refresco de ésta y mantener el último contenido mostrado por un buen periodo de tiempo con un mínimo impacto en batería, logrando llegar hasta unas 30-33 horas de uso (o unas 8000 cambios de página, la medida que normalmente se usa en estos casos).

A pesar que es nombrado (en la misma página de Amazon) como un dispositivo Wireless donde uno puede adquirir los contenidos directamente del equipo sin necesidad de conectarlo, no utiliza una red Wifi normal como se podía esperar, si no una red celular (EVDO) soportada por Sprint. Amazon estaría subvencionando su uso, pero así limitando su alcance a sólo USA.

¿Tendrá éxito? ¿Es realmente la revolución de la que nos hablaba hace unos días Newsweek?

¿Qué nos gusta de los libros

Uno de los puntos importantes a tener en cuenta, independientemente de la forma en que lo consiga, es que Kindle está siendo presentado como la siguiente evolución de los libros, literalmente, un producto sustituto de éstos y con diversas funciones y características añadidas sin, teóricamente, eliminar o perder algunas.

Pero el principal problema que le veo a este enfoque es que a las personas, o al menos a algunos grupos de ellas, nos gustan los libros. Me encanta leer, lo he dicho antes y lo volveré a decir. Los libros son una pasión para mi, un medio de acceder a información, mundos nuevos que explorar, un escape a los problemas del día a día, y una fuente de conocimiento.

Si analizamos brevemente mi afirmación anterior, podemos observar que en toda esa frase sólo aludo al contenido que me brinda un libro, y no a éste como tal. En los tiempos actuales de Internet, sería muy sencillo rebatir cada una de esas anotaciones. Pero lo que todavía no he mencionado es que a la gente que le gusta leer, en la mayoría de los casos, les gustan los libros también.

Un libro, como contenedor de letras, es un producto místico y distinto. Es un receptáculo de palabras, físicamente contenido, donde podemos ver, sin dificultad alguna, un inicio y un fin. Puede ser incluso considerado un elemento de status, e incluso lo fue durante mucho tiempo (no era raro encontrar inmensas bibliotecas personales y darles propiedades por extensión a sus dueños). Pero en términos generales, un libro se vuelve una parte de quienes somos.

En un mundo donde casi toda la información está a un click de distancia, un libro nos muestra un camino distinto a la información, más pausado, es cierto, pero más relajante. Cada vuelta de página es una mirada al futuro, cada regreso es un vistazo a aquel pasado que acabamos de revisar; controlamos el tiempo en una obra que alguien más escribió, pero que en un libro la tomamos como propia.

Transportar un libro es también -con algunas excepciones- una tarea sencilla. El tamaño es casi siempre propio para tenerlo a la mano. Incluso en sociedades donde la inseguridad es muy alta, recorrer las calles con un libro pocas veces levantará una mirada, como sí lo haría recorrerlas con una laptop o un lector digital.

Para alguien que le gusta los libros, tener cada uno en su estante es un trofeo, el premio honesto de una cacería conquistada, que podemos compartir, prestar, regalar o entregar a nuestros mejores amigos, esperando que ellos también experimenten las mismas sensaciones que ellos tuvieron, porque un libro es una extensión física de nuestro propio ser.

Y esa conexión es una que, al menos muchas personas, no hemos podido encontrar en un medio como Internet o un libro digital. No existe la misma sensación, no hay la inquietud a la espera de un nuevo libro, o el pensamiento que nos encontramos en una cacería revisando las bibliotecas o librerías locales, tratando de encontrar un nuevo ejemplar. En un mundo donde Internet nos permite tener cientos y cientos de libros digitales (que los tengo), se desvirtúa la idea de una biblioteca, cada ejemplar obtenido pierde el valor intrínseco que antes poseía, y se convierte en un conjunto de bytes más arrumados en un disco duro.

No existe tampoco una respuesta visual que nos permita saber a ciencia cierta qué libro hemos leído y que no, no podemos agregarle anotaciones (al menos, no de manera directa), dobleces de página. No podemos observar las arrugas que ha tenido luego de cada caída, ni las reparaciones que le hemos hecho ante un accidente. No. Un libro digital es siempre la misma estructura lógica, fría, tan igual como lo fue el mismo día que lo adquirimos, sin un crecimiento. Porque los libros crecen con nosotros, se rompen, se doblan, se traspasan, y no es nunca el mismo sentimiento entregarle un libro a un amigo o a un hijo (todavía recuerdo cuando mi papá solía comprarme o regalarme algunos libros suyos de niño), ese envoltorio compacto de páginas, que copiar un archivo a la carpeta o memoria digital de este mismo.

¿Porqué, entonces, queremos un lector electrónico de libros

Sin embargo, como ya mencioné anteriormente, una de las razones también por la que nos gustan los libros es porque guardan en ellos información, conocimiento, experiencias, historias y un medio digital nos permite acceder a muchas más que en un medio físico no se puede (ya sea por limitaciones físicas, económicas o similares).

Es por eso que no podemos tampoco ignorar las ventajas de un formato digital. Un libro digital nos permite encontrar la página específica de un tema que tenemos en mente. Nos permite también, en pocos clicks, acceder a todo lo relacionado con los datos que estamos investigando, buscar referencias sobre un lenguaje de programación, o leer sobre como aplicar las últimas tendencias del diseño.

El medio digital permitió también que se democratizara el uso de la información. Ahora todos pueden (de alguna manera) acceder a libros que antes era imposible que lleguen a su país. Asimismo, pueden unirse a ese medio escribiendo y publicando su propio blog o a documento digital en un libro (con sistemas como Lulu, Blurb), llegando a un mercado que antes era casi imposible llegar.

El libro digital nos permite también tener todo la información a la mano, poder al trabajo o la oficina sabiendo que en momento de duda podemos tener a disposición las palabras de las eminencias en el tema, tener colecciones completas sobre los temas de nuestro interés en un sólo lugar.

Un medio digital eficiente nos permitiría poder acceder a éste de cualquier parte, en cualquier dispositivo, y de manera rápida, eficiente y sin complicaciones.

¿De qué otro modo, por ejemplo, podría tener yo una biblioteca completa sobre CSS, Javascript, Ruby on Rails, .NET, Java, los excelentes ensayos de Steve McConnells, los algoritmos de Donald Knuth, las historias de Isaac Asimov, y los consejos de Steve Krug, en un sólo lugar, a un par de movimientos de teclado de distancia y a una rapidez increíble?

El formato digital ha llegado para quedarse, y sería sólo una persona necia aquella que diga que no puede afectar en nada a los libros tradicionales.

¿Cumple Kindle?

Sin embargo, llegamos de nuevo a la temática inicial. ¿Cumple Kindle con el propósito de “evolucionar” el libro? Yo creo que no. No nos permite conservar todas las características que tenemos con un libro tradicional. No podemos compartirlo fácilmente, no podemos enseñárselo como muestra de todo un proceso de selección y búsqueda (que, por favor, no lo da Amazon ni se le acerca).

No podemos personalizarlo, agregarle directamente comentarios y cambios. No podemos corregirlo, agregar notas. No hay distinción alguna entre tener una primera edición y una segunda, salvo el potencial cambio de tamaño. No tenemos la practicidad de transportarlo de un lugar a otro (no tiene un tamaño ni forma práctica para este fin).

Y por último, no transmite ninguna emoción.

Por supuesto, esto no podría importarle al medio que sólo presenta interés en el contenido, como ya he descrito, y está bien. Pero no podemos entonces presumir que el Kindle será la evolución del medio. Puede ser un buen gadget nuevo que comprar (y que tal vez lo compre si baja algo de precio), puede ser un éxito o un fracaso (el mercado lo dirá), pero simplemente no podemos hablar de un cambio y evolución si el nuevo formato propuesto no transmite lo mismo que el anterior lo hace, y lo hace muy bien.

Hacia donde vamos

¿Qué tendría que ocurrir para que el Kindle sea esta evolución? No creo sinceramente que alguna vez llegue (o cualquier otro dispositivo) a reemplazar completamente a los libros. Todavía en estas fechas algunas personas utilizan una máquina de escribir frente a una computadora, y estamos hablando de un cambio radicalmente superior, y que sí cumplía todas las expectativas y sensaciones que el anterior.

Para que un dispositivo reemplace a un libro, tendría que ser visualmente reconocido. Tendría que mostrarnos de alguna manera todos aquellos ejemplares que tenemos, en un formato que tenga un espacio y volumen determinable (que no tiene que ser físicamente real, claro). Tendría que cambiar de forma y formato según sea el contenido que leemos (que no es lo mismo leer un manga que un cómic, ni un tomo de Física II que las mejores prácticas para la cría de caracoles australianos gigantes), tendría que mostrar color, ya sea en la tapa o en el texto. Tendría también que permitirnos cambiar los libros, escribirlos, doblarlos, romperlos, estrujarlos, moverlos; porque ya he mencionado que el libro es una extensión de uno mismo, y como tal, la naturaleza humana siempre se orienta a impregnar lo que es suyo, de mostrar su dominio como tal.

Puede que este artículo no haya sido nada más que algunas ideas sueltas de alguien que se siente identificado de alguna manera con la vieja escuela literaria, y que muchos de los argumentos pasen desapercibidos para nuevas generaciones que no experimentaron el mismo amor por la lectura y por el medio (y eso que soy bastante joven aún). Si ese es el caso, no puedo nada más que esperar que alguna vez puedan experimentarlo, lamentarme desde el sillón donde escribo estas últimas palabras, y empezar a pensar en todo lo que todavía resta por leer, mientras tomo el nuevo volumen que descansa en mi mesa, y me dispongo a abrirlo e iniciar un nuevo mar de sensaciones.

Apuntes similares

Comentarios

6 comentarios. Deja el tuyo

  1. Slayer_X dijo el el 20 de November a las 9:56 am

    Como siempre digo con muchas cosas: el amazon Kindle is OVERRATED y asi fuera el mejor gadget del mundo no lo compraría porque tiene DRM y eso para mí es inaceptable.

    Extraño mi Palm para las lecturas en las combis :(

  2. Jubal Sharhaw dijo el el 20 de November a las 5:42 pm

    Para ampliar el tema este artículo de Kindle vale mucho la pena
    http://diveintomark.org/archives/2007/11/19/the-future-of-reading

  3. meneame.net dijo el el 22 de November a las 1:05 am

    ¿Es el Kindle la revolución de los libros que esperábamos?

    Salvo que por alguna extraña razón hayas estado viviendo debajo de una roca o dentro de una cueva los últimos días, debes haber escuchado de alguna manera sobre Kindle, la nueva propuesta de Amazon. Tendrá éxito? ¿Es realmente la revolución de …

  4. Vinagre Asesino dijo el el 22 de November a las 3:13 am

    Alvaro comparto contigo la pasión que muestras por los libros, son mucho más que mera información o diversión y coincido plenamente en todo lo que dices (poseer, mostrar, compartir, etc.). Pero la verdad es que estoy deseando poder encontrar un lector digital decente fundamentalmente para tener un sitio donde llevar y visualizar los montones de manuales y artículos que voy recopilando por La Red. Para mi esa sería la utilidad fundamental y cuando encuentre uno que merezca la pena intentaré comprarlo. Para todo lo demás, lo de toda la vida.

    Saludos avinagrados.

  5. Pedro dijo el el 22 de November a las 8:15 am

    Te encantará leer, colega, pero tienes una de faltas…

  6. Alvaro Pereyra dijo el el 22 de November a las 9:55 am

    Jubal Sharhaw:

    ¡Excelente artículo! Me recuerda bastante las definiciones que se dan sobre qué es el Software Libre, y la comparación de cada punto con lo expresado sobre el Kindle es delicioso.

    Vinagre Asesino:
    Totalmente de acuerdo. Yo también he pasado durante mucho tiempo en busca de un medio de lectura digital también. Solía tener un Pocket PC que me dio muchas horas de lectura (realmente era lo único para lo que la usaba, ya que no soy una persona de agendas ni calendarios). Desgraciadamente se malogró y desde entonces me vi relegado a leer directamente en la Laptop. Tal vez el nuevo Sony Reader o el Cybook sean opciones interesantes (le apuesto al segundo).

    Pero eso sí, nada de eso evitará que siga entrando a Amazon o visitando las librerías cercanas.

    Pedro:
    Pero hombre, mándame un mail y las conversamos, que la idea es justamente mejorar :P. ¡Gracias!

Comentar

(*)

(*)


* (obligatorio)



developer-at-work

Developer At Work es un blog de Alvaro Pereyra Rabanal

Puedes contactarme a mi dirección electrónica alvaro.pereyra@srdperu.com, agregame a twitter o visitar el sitio de mi empresa srdperu.

Algunos derechos reservados, 2009. Un proyecto SRDPERU