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Marketing para elegidos medievales: 2. Zeroica.

Esta es la segunda parte de Marketing para elegidos medievales. Estuvo un rato detenida la historia por problemas editoriales de Cristalab, pero vuelve su publicación. La tercera y ultima parte ya fue publicada: El Destino. No olviden leer la primera, "Abramica".

2. Zeroica


Al llegar al castillo, Phil bajó de su caballo, desenfundó su espada y la apuntó al frente. Enfocó su mirada adelante y empezó a caminar. El clima cambió de un día soleado a una tormenta eléctrica y furiosa. Un rayo descargó su poder contra la puerta, asesinando a los guardias y quemando la entrada. Phil siguió caminando impasible. Más soldados saltaron a interceptarlo. Se golpearon entre ellos en las escaleras de la entrada y rodaron al fuego de la puerta. Oscuros magos lanzaron hechizos y maldiciones a Phil, con tan mala puntería que sólo lograban herir soldados y personal del castillo.

Varios dragones de la fuerza aérea de Juan Federicus se lanzaron a Phil, pero el humo los cegó, colapsando sus cuerpos sobre la villa del castillo. Phil se detuvo un instante y preguntó a una mujer de la limpieza el camino a Juan Federicus. La empleada le indicó la ruta a la torre principal y Phil continuó a su objetivo. Un rastro de cadáveres indicaban su paso y ningún enemigo parecía capaz de frenar sus intenciones.

Phil llegó ante dos imponentes puertas doradas. Dos soldados cerraron su paso pero no lo atacaron. Esto molestó a Phil un poco, por lo que agitó aleatoriamente su espada frente a ellos. El filo de Abramica asustó a uno de los soldados, que dio un paso atrás y salió corriendo. Su lanza flotó en el aire y cayó en el estomago del otro guardia. Phil notó que las puertas doradas no se abrían porque sí y determinó que aquí empezaba su batalla con Federicus. Rompió los seguros y entró a la habitación.

- Supongo que ha llegado la hora - dijo Federicus, alto e imponente, vestido de gala, con una espada muy similar a la de Phil, sentado sobre un trono humilde de madera y terciopelo.
- La profecía dice que uno de los dos matará al otro - afirmó Phil.
- Mi intención es cumplir la profecía - gritó Federicus.
- Igual la mía - declaró Phil.

Elegido y Rey presentaron sus espadas al aire, lanzando gritos de guerra, esperando ansiosos el momento de la verdad. La fuerza en sus piernas, que corrían a la batalla. Preparados a lanzarse al triunfo o a la muerte. Tan cerca, que casi podían sentir sus alientos. Tan cerca, que sus cuerpos casi se tocaban. Tan cerca que se estrellaron fuertemente en el medio del salón del trono, ninguno usando su espada. Ninguno queriendo realmente pelear.

- No, no puedo hacer esto - dijo Federicus.
- ¿¡Qué!? - preguntó Phil incrédulo.
- Te seré sincero, Phil. Estoy cansado de esto. Esperaba que me mataras. Ser el emperador del mal de este reino por dieciséis años ha consumido mi vida. Yo quería ser un cortesano, tener una cabaña quieta en las montañas y un par de doncellas fogosas a mi servicio. Pero la maldita profecía vino y heme aquí, rey del reino.
- No, no, no - reclamó Phil -. No. Tu me vas a matar a mi ¿Sabes la mierda por la que he tenido que pasar por ser El Elegido? ¿La paranoia, la falta de sueño, la gente muerta, lo difícil que es conseguir mujer? Yo vine aquí a suicidarme y la profecía dice claro que uno de los dos debe morir.
- Pues no vas a ser tú.
- Pues no vas a ser tú tampoco.

Héroe y antagonista se sientan en el suelo, apoyados en sus muy similares espadas. Perturbados e incómodos por la situación. No salió como ninguno lo había planeado.

- Tu haces tu mejor esfuerzo por ser rey, tu sabes - dijo Federicus -. Intentas ser justo con la gente, administrar los impuestos de la mejor manera. Pero nunca hay dinero.
- Mucha gente allá afuera dice que eres un señor del mal - interpuso Phil.
- ¡Bah! Eso es parte de la campaña de marketing de mi asesora de imagen. La maldita bruja. Me aseguró que si la gente pensaba en mi cómo un señor oscuro, me dejarían hacer mi trabajo en paz y dejarían de quejarse.
- ¿Y eso pasó?
- ¡Claro que no! De repente ya no era la gente honesta sino los ladrones, los magos oscuros o la mafia los que llegaban a mi con reclamos ¿Sabías que los necromantes hicieron un sindicato para pedir preferencia de cementerios sobre los shamanes?
- Si de algo te sirve, para llegar a ti he asesinado necromantes y shamanes por igual.
- Todo esto es culpa de Magalia.
- ¿Magalia del Norte, bruja del destino? - preguntó Phil.
- Claro, mi asesora de imagen - contestó Federicus -. Ella vino a mi y a mi madre cuando era pequeño. Me dijo que me convertiría en el Rey Sol, salvador de este reino. Me dio esta espada, Zeroica. Dijo que un día, en el futuro, un malvado asesino se levantaría del pueblo, intentaría matarme y convertirse en el nuevo rey. Supongo que ese eras tú. Mi destino era detenerte.
- Pero... no... ¡La hija de puta!
- ¿Phil?
- Magalia me dijo lo mismo. Cumplí quince años y se me aparece, me dice que tengo que volverme El Elegido, matarte a ti por ser dictador del reino. Me dio esta espada, Abramica y... ¡Hija de puta!

A través del humo que salía del castillo, alguien aparece en la puerta del trono. Una mujer madura, de apariencia tanto sensual como repugnante, llena de accesorios y ropas viscosas. Ella los mira con ira y grita.

- ¿¡Cómo es eso que ninguno va a matar al otro!?

    Segundo capitulo de la trilogía "Marketing para elegidos medievales". Lee la siguiente parte: "El Destino"

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