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Opera en el vacío - Capítulo 16

- ¿Qué les parece, niñas, si hablamos de libertad?

En una gran habitación circular, sin paredes y llena de ventanas panorámicas al universo, Axe sonreía. Un escenario teñido de estrellas y una pequeña luna llamada Presea. Era la plataforma de salida de la Estación Espacial <Presea 2>. La gravedad era el 1% de la que habría en cualquier planeta terraformado. Al centro de la plataforma se accedía al ascensor espacial, el enlace con tierra firme. En una esquina estaban Fyona y Rena, apresadas por máquinas arácnidas al control de Axe. Cerca de ellas estaba Edward, cuya expresión no se decidía entre la risa y la seriedad.

- Libertad es por lo que peleamos cuando no hay más que perder - continuó Axe -. También es algo que ahora mismo, ustedes dos perdieron.
- Tú nos la quitaste - Rebatió Fyona con rabia.
- Tú arruinaste la posibilidad de libertad que te dio Edward, robando una de mis Valkirias y destrozándola espectacularmente en el aire. - Respondió Axe -. Yo sólo te salvé la vida y te amarré a esa araña en consecuencia a mi bondad.
- No sé para qué me quieres presa.
- Dejarás de estarlo cuando sean juzgadas.

Rena estaba furiosa pero en silencio. Axe la había inmovilizado igual que a Fyona. Ella sabía que había caído en su trampa y que su ira sólo acrecentaba la victoria de su contrincante. Así que en vez de mirar a Axe, prefirió dar una mirada de odio a Ed.

- ¿Van a juzgarnos en tiempos de guerra? - Preguntó ella en tono irónico -. Yo sé lo que trajo Ed a Presea. Propiedad material robada de Xenos. Franz desatará su infierno industrial sobre ti en cuanto tenga permiso del Congreso.
- ¿Franz? - preguntó Ed a Axe.
- Es el idiota que administra Xenos ahora - contestó Axe con desinterés -. No te preocupes por nosotros niña, en Presea hacemos las cosas con justicia y a nuestro modo.
- No soy de Presea, soy ciudadana registrada del Congreso.
- Asesinaste a un piloto de la Federación de Comercio y robaste una nave militar de Presea. Un delito internacional por el que te puedo llevar a una dulce y fría prisión relativista de tu Congreso. Elige eso o ser juzgada con nuestras leyes. Esa es tu libertad.
- Gracias su excelencia por permitirnos escoger entre las cómodas celdas de aislamiento de Presea o del Congreso - se entrometió Fyona.
- ¿Qué tienes tú con las mujeres Edward? - preguntó Axe -. ¿No puedes conseguirte una tierna y amable?
- Tu carisma las descontrola - contraatacó Ed.
- Ustedes no saben como son las cosas aquí. Presea no tiene prisiones, sino un plan de rehabilitación en nuestras granjas naturales. Serán dóciles campesinas y cultivarán tomates hasta pagar su condena. También pueden elegir quedarse en esa labor por tiempo indefinido. Muchos condenados lo hacen y terminan agradeciéndome por la oportunidad que les di en la vida.
- O en cambio - añadió Ed -. Pueden aceptar la oferta que Axe les hará.

Fyona y Rena no lo esperaban. Sus corazones tenían a Ed como su único aliado. No las ayudaría pero tampoco las traicionaría.

- No plantaré tomates - dijo Rena sin ánimo.
- Buen inicio - se alegró Axe -. Demos un paseo por el muelle de la estación.

Axe ordenó a las arañas moverse al tiempo que mantenían aseguradas a ambas mujeres. El grupo avanzó por las bandas de transporte hasta el puente de acceso al muelle. Docenas de naves de carga se apilaban afuera en el vacío, enlazadas a la estación y listas a partir. Varias personas y robots de asistencia se veían en el lugar moviendo mercancía entre las naves y la estación. Al final llegaron al punto más alejado del muelle, el complejo de construcción y reparación de vehículos aeroespaciales.

- Lo primero será su juicio - inició Axe, rompiendo el silencio -. Luego podrán elegir su condena.
- Esto no es un juzgado - se quejó Rena -. No hay un enlace a un jurado real o un IA-Synapse. Ni siquiera hay un juez o un grupo auriano. ¡Esto es un taller de naves!
- Ah, disculpe señorita.

A un toque de su bastón, Axe hizo que éste representara holográficamente un ambiente de juzgado real alrededor del lugar. Diez personas aparecieron alineadas tras un estrado, todas con credenciales, verificables en el Synapse, de jueces expertos. Al mismo tiempo, la figura oscura de un ser humano, sin rostro y con voz artificial, representaba al IA-Synapse. Un juez que tendría la última palabra en un juicio conflictivo y cuya razón y existencia la componían billones de personas alrededor de la galaxia conectadas al Synapse, sirviendo de voluntarios a esta inteligencia colectiva.

- Espero que esté satisfecha.
- No... No hay forma de que haya invocado un IA-Synapse en un segundo - articuló Fyona.
- Oh, conoces bien el Synapse. - sonrió Axe -. Ésta sesión la preparé hace tres días, desde que llegaron a mi cálido paraje en el universo. Nada de qué sorprenderse, pequeña Fyona. ¡El juicio comienza¡

Tras establecer fecha, posición galáctica y demás burocracia de rigor, una de las diez personas tras el estrado dio el resumen de los hechos.

- Se juzga a Fyona Fyodor y Rena Von Volfied, amparadas en las leyes de Auros y las leyes de la Federación de Comercio, por el cargo de robo intencionado de material de defensa de Presea. Adicionalmente se acusa a Rena por asesinato intencionado de un servidor público de la Federación y robo de material transportado a Presea. Y a Fyona también por destrucción intencionada de material de defensa de Presea e intento de asesinato contra visitantes extranjeros en territorio de la Federación. La defensa tiene la p...
- ¡No pueden comprobar que lo hice! - aseguró fuertemente Rena, para sorpresa de Ed que saltó de donde estaba ante el grito.
- Hay pruebas - dijo Axe calmadamente, mostrando una holograbación de Rena disparando a una piloto de la Federación -. ¿Niegas que engañaste y asesinaste a Shana?
- Bajo la directiva primaria de privacidad de Auros, es ilegal una grabación de esta naturaleza a ciudadanos o extranjeros en actividades privadas. ¿Espía el presidente Axe de la orgullosa Federación a su propio pueblo?
- Los nano-aerostatos de grabación son tecnología civil, Rena - dijo Ed -. Hay medios para anularlos si quieres privacidad. En Presea hay leyes que sobrepasan las leyes de Auros respecto a estas cosas.
- Además - siguió Axe -. Incluso Auros ignoraría tu privacidad siendo ésta una grabación en área pública. En resumen, estás jodida y entre más rápido te declares culpable más rápido saldremos de esto.
- Un líder ejemplar que protege a su gente espiándola para convertirla en su propio enemigo.
- Una hermosa frase Rena, pero las cuestiones filosóficas no competen a este juzgado. Aunque me interesa como piensas.
- Me declaro culpable - concluyó Rena con convencido orgullo.
- ¿Y la señorita Fyona? - preguntó Axe. Ed miró hacia otro lado.
- Fueron sus misiles los que destruyeron esa Valkiria.
- Fue tu horrible habilidad para pilotear y el hecho de que robaras la nave lo que la destruyó. Lo nuestro es circunstancial y legal. Para evitar repetirme a mi mismo, pondré el interesante holo donde le disparas a Rena para afirmar el otro cargo en tu contra. Contiene incluso un twist en la historia, diversión garantizada.

Fyona volteó su rostro ante el holovideo, pero los demás lo vieron. Rena en especial.

- ¿Te declaras culpable, niña? - preguntó Axe con tono de impaciencia.
- Que el IA-Synapse de su veredicto.
- Culpable - dijo inmediatamente la sombra oscura con su voz artificial.
- Ahí lo tienes, jueces, los fallos por favor.
- Rena Von Volfied. Se le condena por cuarenta y dos años a aislamiento en granjas de rehabilitación de Presea. No podrá aspirar en este periodo a tratamientos de extensión de vida ni a conexiones al Synapse de ninguna clase. Se le permitirán visitas de familiares. Su manutención alimenticia dependerá de su rendimiento en la cosecha.

Rena mantuvo la cabeza en alto y su expresión sería y firme. Su cuerpo seguía inmovilizado por la araña de Axe. Su mirada apuntaba al infinito. Al empezar el fallo de Fyona, Ed cruzo los brazos y miró en la misma dirección de Rena.

- Fyona Fyodor. Dado que es menor de edad, se le condena por año y medio a la participación en el programa de entrenamiento para comerciantes de la Federación. Será entrenada por su tutor legal ante las leyes de Presea y Auros: Edward Lorentz.

Rena y Fyona voltearon de inmediato a ver a Ed. El aún miraba a la nada. ¿En qué momento logró hacer Edward todo el trámite para lograr la tutoría legal de Fyona? ¿Por qué no había dicho nada?

- A partir de su conducta en ese periodo - continuó el jurado -, se podrá modificar la pena de diecinueve años que Presea le impone en las granjas de rehabilitación una vez cumpla quince años. Cualquier intento de escape o delito cometido en ese periodo acarreará su reclusión inmediata en un orfanato internacional sin opción de adopción.
- Gracias jueces - mencionó Axe solemnemente.
- Agregamos que, de acuerdo con las leyes de la Federación de Comercio reconocidas y aceptadas por Auros y aplicables en su territorio, estas penas serán ejecutadas a discreción y supervisión del presidente electo de Presea. ¿Está el IA-Synapse de acuerdo? - preguntó el juez vocero.
- Aceptado - dijo la voz del IA-Synapse y su figura desapareció.
- El juicio queda concluido - dijo el juez vocero y el juzgado desapareció, retornando al muelle de la Estación Espacial.

Fyona sudaba. Toneladas de culpa caían sobre sus hombros al recordar todo lo que había hecho. ¿Qué pensaba Ed de ella? Intentó robarle a Edward aquello que él protegió con su vida para traer a Presea. Todo era culpa del GEG. El Generador de Energía Gravítica que tanto atormentó sus días de vida con Eus Fyodor. Quería gritar al mundo la verdad de todo y quizás ahora era el momento. Pero no tendría la iniciativa, esperaría.

- Dura forma de romper nuestra tregua, Rena - habló Ed -. Pero así están las cosas. Espero que pases buenos tiempos en las granjas de...
- ¿Cuál es la oferta? - preguntó Rena fríamente.
- Una mujer que va al grano - Axe comentó -. Todo lo que Edward me contaba de ti parece ser verdad. Verás Rena, en Presea, el presidente puede “perdonarte” ciertos delitos a cambio de un precio justo por lo que hiciste. En pocas palabras, puedo cambiar tu pena de cuarenta y dos años de granjerita por una más cómoda y...
- ¿Cuál?

Axe ordenó a las arañas retirarse. Las maquinas liberaron a Rena y a Fyona, luego retrocedieron algunos pasos, pero se mantuvieron cerca.

- En poco tiempo, Franz iniciará su ofensiva contra las rutas y bases principales de la Federación. Una operación costosa sin otro objetivo que asesinarme.
- No puedo esperar a que inicie - murmuró Rena.
- A diferencia de Franz, no soy un idiota que gasta masivas cantidades de lairos en persuadir al Congreso para que apruebe su guerra. Iré a Auros a parar todo esto.
- ¿Eso qué tiene que ver conmigo?
- Iré a Auros, al Congreso, a solicitar una Audiencia Verdadera. Adivina qué me falta.
- No, no. Prefiero plantar tom... ¿Por cuánto tiempo?
- Permíteme preguntarle al honorable juzgado de Presea.

Axe invocó de nuevo al juzgado holográfico. Diez jueces estaban listos, pero eran distintos a los que aparecieron en la ocasión anterior. Rena dedujo que los juicios eran tan comunes en Presea que había un gran equipo de jueces profesionales trabajando en otras cosas y sirviendo en su tiempo libre al juzgado virtual cuando era llamado.

- Honorables jueces. Si cambio la condena de Rena para que sirva como embajadora de Presea, ¿Cuánto es el tiempo de la condena?
- Disculpe señor Axe, ¿Quiere decir cuánto tiempo tendría que ser su asistente personal si usted elige eso como su condena?
- Tecnicismos, lo que sea. ¿Cuánto?
- Diez años como tiempo mínimo. El tiempo máximo lo determina usted señor. También hay que añadir una pena estándar popular según el parágrafo diez de...
- Gracias Leo, tu y los demás pueden irse - Y el juzgado virtual volvió a desaparecer.

Cuando los jueces trataron con tal familiaridad y lealtad a Axe, al tiempo que Axe les hablaba por su nombre, Rena entendió todo. El juzgado, el juicio y el sistema legal de Presea eran una farsa. No es que le sirviera de algo su deducción, pero ahora se sentía mejor consigo misma. Sólo tenía la curiosidad de la pena estándar popular.

- Ahí lo tienes Rena - habló Axe en tono descomplicado -. ¿Serás mi asistente o plantarás mis tomates?
- ¿Qué es la pena popular del parágrafo diez?
- Nada importante, tres bastonazos.
- ¿Bastonazos?
- Tienes diez segundos para elegir.
- ¿Qué son bastonazos?
- Nueve. Si no eliges nada, te compraré una falda bonita en algodón natural y te daré una casita hecha de madera real, sin nanomateriales.
- ¿Pero que son los...
- Ocho.
- Acepto.
- Sabía decisión
- ¿Qué hay de mi?

Todos de repente recordaron que Fyona seguía ahí.

- Tu caso es simple, Fyona - dijo Edward -. Te vas a un orfanato en orbita de alguna de las lunas de Axe o te vas conmigo.
- Me voy contigo.
- Y si escapas, te vas a un orfanato de máxima seguridad en...
- ¡¡Me voy contigo!!
- ¿Qué son bastonazos? - insistió Rena.

Una de las arañas avanzó y lentamente volvió a apresar a Rena. La otra araña seguía inmóvil detrás de Fyona, lo que hizo a Rena sospechar de algo malo. Axe hizo flotar frente al rostro de Rena un documento llamado “Juramento de Lealtad” para formalizar su contratación como funcionaria de Presea.

- Tener un asistente es un requerimiento para asistir a una Audiencia Verdadera - habló Axe -. Lee y acepta el contrato, Rena.
- ¿Es necesario que me amarres a tu maquina para leer el juramento?
- No. Eso es para los bastonazos. Lee.

La araña hizo girar a Rena, de modo que Axe quedaba a sus espaldas. Rena decidió que no era mucho lo que podía hacer y empezó a leer.

- Juro, por la ley de contratación de Auros y las leyes aplicables que sobrescriben a las de Auros en la Federación de Comercio, que cumpliré a cabalidad mis obligaciones como específico a continuación: Primero. Serviré fielmente y con total secre...

Entonces vino el primer bastonazo. La sensación era algo que Rena no encajaría en los esquemas tradicionales del dolor. Ella había sufrido golpes, quemaduras de lásers, plasma, armas de proyectiles, aturdidores y otras heridas de combate, pero nada como ésta sensación. El dolor nacía en un punto claro, luego se extendía hacia arriba por su espalda y hacía abajo por sus piernas. El cerebro entraba en un shock y no distinguía las señales del mundo real. Decidió imaginarse la forma de una mujer, una fea. La imagino terriblemente flaca, con ojos como cuencas, pelo enredado, expresión de hambre y maldad inconcebible. Una persona miserable. La llamó, mentalmente, “Madre de Axe”. Se sintió un poco mejor tras hacerlo, pero también asumió que el alivio era efecto del paso del tiempo.

Entonces vino el segundo bastonazo. Recordó que su traje podía absorber disparos de alta energía y estocadas de varios tipos de espadas, cuchillos y otros elementos cortopunzantes. Al comprarlo eligió el que mejor le transmitía las señales sensoriales. Un gran vestido que no le escondía las sensaciones del universo y del que ahora notaba su calidad. Al tercer bastonazo notó que su adrenalina le dio, por breves instantes, fuerza sobrehumana, la suficiente para mover sus brazos tratando de escapar y hacer ceder, por milímetros, el agarre de la araña. Pero sólo por milímetros.

La araña soltó a Rena. Ella cayó al suelo, se levantó y miró a Axe. De nuevo, un rostro frió, sin sentimientos algunos. Ella sabía dar prioridades. Sabía qué cosas eran importantes, qué era verdadera traición y qué eran tres simples bastonazos. Rena entendió donde canalizar su furia y que hacer para calmarla. Leyó completamente el documento de Axe, juró lealtad y pasó a ser Rena Von Volfied, embajadora principal de Presea. Un titulo falso y bonito para la asistente del presidente de la Federación.

- Bien - habló Axe -. Eso concluye todo con un final feliz. Nos quedaríamos a comer pero salimos inmediatamente para Auros. Sólo me queda hablarte de algo, Ed. Aun eres de la Federación y tienes trabajo.
- ¡Pero acabo de morirme Axe! ¿No hay nadie más para hacer tus encargos?
- Es un encargo único.
- Antes de eso quiero despedirme de alguien - interrumpió Rena.
- Podrás conectarte al Synapse en la nave, ahora no Rena.
- De Fyona.
- Uh, está bien.

Rena caminó hacia Fyona, quien estaba genuinamente aterrada. Edward se adelantó unos pasos para ponerse delante de ella, pero Rena lo detuvo con su mirada. La niña estaba congelada, con sus ojos fijos en la mujer que se le acercaba. Entonces la expresión de la cazarecompensas cambió. Rena le mostró una sonrisa. Ed se relajó y Fyona sonrió también. Fue en ese momento que Rena le partió la cara a Fyona de un golpe.

- OK, podemos irnos.
- Aprendes rápido - comentó Axe sin estar impresionado por la escena.

Por los efectos de la microgravedad, Rena retrocedió unos metros tras el golpe y frenó con habilidad. Fyona, en cambio, salió despedida contra una de las paredes, donde rebotó hasta que Ed la atrapó. No había realmente sangre, pero si un ojo rojo y una mejilla inflamada. Fyona se puso de pie, con ojos llorosos pero sin expresar dolor.

Axe hizo flotar un extraño panel de opciones frente a su rostro desde su bastón, dio un par de órdenes y luego se dirigió de nuevo al grupo.

- Gracias a ti Edward, tenemos el GEG. El hardware funciona pero el software está tan cifrado que descifrar el origen de la humanidad sería más fácil.
- ¿Qué es el GEG? - preguntó Ed.
- El Generador de Energía Gravítica - respondió Fyona.
- Ah, el cañón grav ¿¡Cómo en la galaxia sabes tú eso!? - inquirió Ed agitado.
- ¿No te había contado ya que la pequeña Fyona es una astrofísica de miedo? - preguntó Axe sarcásticamente.
- No te creí. ¿Qué tiene que ver que sepa astrofísica con que conozca lo que traje? Es algo normal que se aprende en la niñez.
- No seas inocente Edward. Yo no soy el único loco que sospechaba de la creación de un GEG en Xenos. Eus Fyodor también lo investigaba. El antiguo padre adoptivo de tu Fyona

Fyona no dijo nada. Axe habló.

- Quiero que vayas por la persona que conoce la clave para descifrar el programa del GEG.
- ¿Hay alguien en ésta dimensión con más talento que tu para romper una clave de Xenos? - preguntó Ed.
- El cifrado no es de Xenos, Edward. Es de Cris. Imagino que tu exesposa no quería que empezáramos la operación sin ella y necesito su clave.

Hubo silencio por unos momentos. Al final Ed habló.

- No tengo una nave.
- Una tierna y conmovedora charla - se burló Rena -. Pero que quedará convertida en residuos de radiación una vez Xenos borre a Presea y a la Federación del tejido galáctico.
- Tendrían que hacer lo imposible para atacar Presea antes de que yo lo sepa - declaró Axe.
- Entonces Xenos ha hecho lo imposible - dijo Ed incrédulo.

Cientos de explosiones de luz blanca alumbraban el perpetuo espacio alrededor de la estación espacial. Los pilotos y trabajadores veían pasmados por las ventanas del lugar cómo Presea quedaba rodeada por montones de naves espaciales, saltando del hiperespacio directamente a la orbita de aquella Luna. Las leyes de la física hacían imposible que un cuerpo saliera del hiperespacio en un lugar de gravedad tan fuerte como la orbita de un planeta o siquiera el interior de un sistema solar.

- Xenos ya instaló el GEG en sus propias naves - se dijo Fyona a si misma.
- ¿No es el GEG un generador de energía? - preguntó Rena -. ¿Pueden usar el GEG para ignorar los efectos de la gravedad en el hiperespacio?
- El GEG tiene más potencial de lo que parece - dijo Axe perturbado -. Es obvio que Xenos lo sabe, pero no calculé que pudieron usarlo tan pronto en aplicaciones militares.
- Me parece un buen momento como cualquiera para meditar acerca de Xenos y su ingenio militar - agregó Ed -. Pero bien preferiría largarme de esta bomba voladora.
- Ve por Cris, Edward - ordenó Axe -. Tu nave es el Gigas negro en la escotilla C07. Ésta es la llave.

Axe le lanzó a Ed su cuchillo de la Flota.

- ¡Pero Cris está encerrada en una prisión relativista del Congreso! - gritó Ed.

Afuera, las naves de Xenos encendieron sus motores y empezaron a acercarse a Presea, listas a descargar sus armas contra la Luna de la Federación.

- El Gigas que te doy tiene propulsores subluz y la ruta calculada de la prisión de Cris. Tú sabes enfrentarte a los Nanties Edward. El viaje tardará un par de días para ti. Serán tres meses en el tiempo real.
- ¿¡Tres meses!? - preguntó Fyona.
- ¡Lárgate ya Edward! En la nave hay ropa y lo que necesitas. Si al salir del impulso subluz no tienes mensajes de mí en el Synapse, ve a las coordenadas que hay en la memoria del Gigas. Ahí sabrás que hacer. Tu Gigas antiguo estalló en mil pedazos, pero algo de él pude recuperar. ¡Vete!

Ed no perdía tiempo. Tomó a Fyona y saltó hacia el muelle. Los pilotos que antes estaban ahí ahora corrían hacia sus naves y muchos ya habían desacoplado de la estación. Las naves de Xenos encendieron propulsores de frenado y se mantuvieron estáticas en órbita. La estación empezó a transmitir un mensaje por sus altavoces.

<<Ésta es la flota de seguridad privada de Xenos Inc. Exigimos la entrega del presidente R. Axe J. como establecen los estatutos de protección de la propiedad intelectual y material de las corporaciones, amparados bajo la Ley de Auros. Incumplir nuestra demanda implicará una provocación oficial de guerra comercial entre la Federación y Xenos>>

Ed y Fyona llegaron a la escotilla C07. Abrieron la compuerta de la estación y vieron al otro lado las puertas negras de una nave nueva. Sin embargo, aquellas puertas tenían partes viejas fácilmente reconocibles, como las grandes letras que daban el nombre de “Opera” a aquel vehiculo espacial. Ambos entraron, subieron al puente e iniciaron operaciones de desacoplamiento y arranque.

Axe y Rena corrieron al taller de reparación. Axe señaló una valkiria roja rodeada de robots de mantenimiento. Rena sabía que era su vieja amiga rescatada de los escombros en Presea. Entraron y ella tomó los controles, mientras Axe repartía furiosamente órdenes por el Synapse a todo su planeta industrial.

- La nave está en perfectas condiciones de despegue - dijo Rena.
- Despega entonces. Veamos si Xenos ve esto como una provocación de guerra.

El Gigas negro de nombre Opera ya estaba en el espacio, alejándose rápidamente de la estación <Presea 2> y calentando los impulsores subluz instalados por Axe para su misión. Ed estaba listo a encenderlos, así que dio una última mirada a la luna de su antiguo capitán de guerra y advirtió a Fyona de lo que vendría.

- Esto va a doler.

En el instante que el impulso subluz alejó con altísima aceleración al Gigas, Fyona vio a miles de naves de Xenos abrir fuego contra la superficie de Presea al tiempo que millones de misiles volaban desde el ecuador de la luna hacia aquellas naves. Todo fue un destello de luz azul. Luego todo fue oscuro.

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