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Opera en el vacío, capítulo 14

Franz Miller había asumido la presidencia de Xenos a los 28 años. Su gestión, aunque polémica, había dado buenos resultados. Combinaba lo que los medios llamaban "persuasión amistosa" sobre ciertos miembros del Congreso con una ilimitada simpatía y cariño por causas humanas. La crítica señalaba a Franz como una simple figura de mercadeo sin sinceridad en sus actos benéficos, cuyo único fin era mejorar su imagen y por extensión la de su corporación. Él no escuchaba, actuaba. Pero reflexionaba en el significado de sus actos mientras preparaba su próxima aparición en público.

- Hola niños.

Desde su oficina en Xenum, el planeta empresarial de Xenos, Franz transmitía su imagen a través de doscientos años luz hacía una escuela pobre de una de las tantas ciudades de Salfen. Era el maestro invitado de la semana, un programa que él mismo impulsaba para que grandes personalidades de la galaxia aparecieran por lo menos una vez en ciertas escuelas escogidas. Todas de bajos recursos y en lugares cuestionables.

La ilusión holográfica era perfecta. Los niños, reunidos en un gran salón de conferencias, veían a través de su única terminal Synapse al presidente de la segunda corporación más grande de la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, Franz veía al viejo auditorio proyectado en las paredes de su oficina casi como si él mismo estuviera en persona.

- Para los que no me conocen - comentó él -. Soy Franz Miller. Llevo seis años a cargo de Xenos Inc. y estoy aquí hoy para ser su maestro invitado de historia.
- ¡Hola señor Miller! - respondió el joven publico.
- Llámenme Franz. - decía con su mejor sonrisa -. Antes de empezar quiero recordarles que ésta pequeña charla está siendo transmitida en la Entidad Educativa de Xenos del Synapse a muchísimos mundos. Saluden niños, la galaxia los está observando.

Hubo un momento de alegría de masas mientras todos los estudiantes se agitaban en sus puestos y reían. Franz disfrutó el momento, levantó su mano y puso en silencio a su ansioso público.

- Hoy no hablaremos de cosas aburridas como la constitución de Auros o la segunda venida de Jesús. Hablaremos de guerra, la guerra más devastadora que ha presenciado la humanidad desde las luchas del Exodo o el enfrentamiento de los Soldados de Marketing por el Synapse. ¿Saben de cual hablo?

El silencio del salón demostró a Franz Miller que la oratoria que había aplicado era la correcta, así como le recordó que sólo eran niños para los que aquella guerra era un episodio del pasado distante. Sin embargo, una niña de la primera fila oprimió el control de participación de su silla y Franz activó el micrófono de ésta, solicitándole que se pusiera de pie.

- ¿Es la guerra de los Tres Soles, señor Franz?
- Exacto, ¿Cómo te llamas?
- Mitsuki señor.
- ¿Mitsuki, eh? Una gran amiga mía se llama igual. Dime Mitsuki, ¿Sabes lo que causó esa guerra?
- Mi abuelo cuenta que peleaban por evitar el dominio del Congreso sobre los tres planetas vírgenes.
- Esa es la historia pública y no es incorrecta, pero lo que hoy vengo a contarles es el secreto militar más grande de la historia de nuestra especie. Sólo ustedes, hoy, conocerán la verdad de la Guerra de los Tres Soles.

Era mentira. La historia ha estado disponible desde el final de la guerra en los archivos públicos del Congreso que mantiene la base .Gaia del Synapse. Pero eran niños y estaban impresionados, silenciosos y atentos.

- Hace veintisiete años - narraba Franz -. Sondas exploradoras de espacio profundo captaron en sus antenas de radio una vieja señal enviada usando algo que los antiguos llamaban código binario. Ondas provenientes del centro de uno de los brazos de la galaxia que habían viajado cuatro mil años luz hasta llegar por casualidad a cuatro de nuestras exploradoras.

Varias señales de petición de participación se encendieron y Franz dio la palabra a una de ellas. El afortunado niño preguntó:

- ¿Quién envió el mensaje?
- Aún nadie lo sabe - dijo Franz -. Pero de acuerdo a la perfecta posición circular que formaban aquellas sondas al recibir la transmisión, muchos científicos especulan que pudo venir del planeta Madre. Sin embargo, esa parte es sólo leyenda.

Los niños se veían francamente sorprendidos. Con todas las historias, cuentos y poesías que evocaban el mundo de origen, era normal que los impresionara la posibilidad de que aquel planeta existiese en realidad.

- Lo importante - continuó Franz -. No es el origen sino el mensaje. El contenido de la transmisión, una vez decodificado, decía “EN EL FUTURO, LA ESPERANZA ES AUROS, LUMEN Y MAIA”, seguido por tres coordenadas. Eran épocas de malas decisiones de parte del Congreso y de unión en los mundos centrales de la galaxia, alejados de su gobierno. Una de esas tres sondas pertenecía a éste planeta, Salfen, el faro científico de aquellos planetas opositores. Así, mientras el Congreso se enredaba en discusiones burocráticas de enviar o no una misión de reconocimiento a esos tres puntos oscuros de la galaxia, Salfen movilizó varios de sus laboratorios espaciales a esas ubicaciones.

Franz dejó de hablar. Los niños vieron como su imagen desapareció un instante y al siguiente se reintegró a la escena con un pequeño tubo de agua que tomó antes de continuar.

- Terraformar un planeta para que la vida sea posible en él es, en la mayoría de los casos, imposible. Por eso en cinco milenios de exploración galáctica sólo hemos tenido la suerte de adaptar ochenta mundos para la humanidad, sin contar algunas bases científicas en lunas y asteroides. Nuestros planetas actuales son cómodos y la mayoría goza de suficiente agua, oxigeno y vida natural para mantenerse así por mucho tiempo. Pero hay cosas que muchos de nuestros planetas no tienen. Los metales pesados son escasos y hay elementos que simplemente no existen. Ni siquiera la minería de asteroides y lunas nos ha dado los resultados que esperábamos al principio. Las leyendas nos cuentan que en este sentido el planeta Madre era único. Una riqueza mineral impresionante y una base de elementos altamente radiactivos que muchos teorizan necesarios para el inicio de la vida vegetal. Eso eran los tres planetas que Salfen encontró en las coordenadas de la transmisión. Mundos habitables llenos de vida indígena, tanto vegetal como animal. Cortezas terrestres colmadas de abundante materia prima para la industria humana. Rodeados de antiguos satélites atmosféricos de terraformación. Los primeros visitantes calcularon que la adaptación de cada uno de esos mundos había acabado hace algunos siglos. Tres planetas y sus soles, lejanos y equidistantes entre sí, eran el regalo que la antigua humanidad hacía a sus hijos del futuro. Un regalo que la unión de planetas disidentes no iba a entregar al Congreso.

Los niños estaban congelados, con sus ojos fijos en Franz y la boca abierta. Otro éxito, pensó el presidente de Xenos, continuando su relato.

- Así, siendo una mayoría, cincuenta y seis de los planetas centrales declararon su independencia del Congreso y su soberanía sobre los nuevos mundos. Apropiándose de tres bases con recursos ilimitados y creando la unión de los Tres Soles. Auros, Lumen y…

Franz calló y dejó que los niños susurraran “Maia”, completando su frase.

- Eran tiempos de tensión en el Congreso. Ellos sabían que su maquina militar era enorme y que la concentración científica era más densa en aquellos planetas que aún controlaban. Sin embargo, no se decidían a actuar. No fue hasta que las sondas espía de las Fuerzas de Paz detectaran la presencia de minería pesada en las superficies y los astilleros de fabricación de naves de combate en orbita de Auros y Maia qué el Congreso decidió usar su mano firme contra la Unión. Así, en una alianza de los mundos bajo su dominio, el Congreso inauguró la Flota Internacional y la guerra.

Franz hizo tronar sus dedos y en el aire apareció un sencillo mapa de la galaxia, mostrando en resaltado azul a los Tres Soles, en amarillo a la Flota Internacional y en rojo a la Unión. Luego varias flechas verdes aparecieron mostrando los movimientos de la FI para invadir Lumen y Maia.

- Nadie en la FI imaginó que la unión, cinco años antes de descubrir los Tres Soles, hubiera mantenido en secreto una economía de guerra. El descubrimiento sólo fue el gatillo que disparó la contienda. Habían fabricado naves de combate tan sofisticadas y numerosas como las que componían la FI. Si bien carecían de diseños estilizados y sus técnicas de construcción eran notablemente antiguas, la Flota de los Tres Soles (O sólo “La Flota”) era efectiva. Efectiva e implacable. Observar el pánico que produjo al general Angus su primera derrota fue, en palabras de mi padre, “impagable”. El Congreso solicitaba constantemente en el Synapse la intervención diplomática y la importancia de tener un único gobierno unido. La Flota sólo respondía con mensajes de independencia y animo de guerra. Mi padre había tomado una decisión correcta, como lo juzgaría después de la historia, al unirse al Congreso en calidad de elemento principal de producción e investigación de la industria de defensa.

Franz hizo una señal con sus manos y la imagen en el aire cambió, encerrando en esta ocasión en círculos a varios sectores de la galaxia, abarcando dentro de ellos docenas de años luz de distancia. Eran los lugares donde habían tomado lugar las batallas más importantes de la Guerra de los Tres Soles. Franz empezó a enumerar uno por uno cada planeta o sector que daban nombre a aquellos enfrentamientos.

- La batalla de Auros y Maia. La masacre de Caladriel. Europa. Glieser. Fornacis. Venaticorum - Franz hizo una pausa, bajó la cabeza y restregó sus ojos en un ademán de limpiar lágrimas de tristeza. Luego continuó su enumeración de batallas -. La solución final Von Volfied… La destrucción de…

Casi cien niños veían con atención en el salón el siguiente movimiento del líder de Xenos, así como millones de personas que seguían la transmisión directa por Synapse y otros tantos que verían el momento, en repetición, en alguna de las franjas de los noticieros. Franz al fin rompió la quietud del salón.

- El resto es historia y todos ustedes saben quien ganó la guerra - Su cara de nuevo era alegre, emotiva y elocuente -. ¿Quieren saber como terminó?

Una explosión de afirmaciones corrieron entre los niños del lugar. Una sonrisa de misión cumplida adornaba el rostro del presidente.

- Desgraciadamente mi tiempo se terminó acá, tendré que contarles esa historia en otra ocasión. Es muy interesante y tiene como protagonistas a aquellos héroes de guerra. El capitán Axe y el general Angus. Me queda tiempo para la última pregunta.

Incontables luces de participación se activaron en todas las sillas y Franz dio la palabra al niño más lejano al que pudo apuntar.

- ¿Por qué se llamaban Tres Soles, señor Miller? ¿No eran esos los nombres de los planetas?
- Si viajas a Auros sabrás que ellos le llaman “Sol” a su estrella, así como todos a nuestro astro particular. En la guerra fue idea de la Unión y posteriormente la Flota hacerse conocer como aquella que dominaba los Tres Soles más importantes de ésta galaxia. Ya es hora de irme, espero que lo hayan disfrutado. No olviden conectarse al Buscador Synapse Xenos para más información de nuestra charla.

Franz caminaba hacía el borde de aquel auditorio mientras la ovación de aplausos infantiles se oía en todo el lugar. Su imagen se iba haciendo transparente a medida que continuaba aquella ilusión de caminar como una persona que estuviera físicamente allí. El holograma de su cuerpo desapareció del escenario al tiempo que el escenario se desvanecía de la oficina de Franz. Estaba solo de nuevo, en un gran cuarto de veinte metros de largo y ancho. Sin más adornos que paredes y techo grises. Sólo una silla se veía a lo lejos y no era posible identificar la fuente de la luz que alumbraba el lugar. Franz Miller dio una orden mental y las paredes grises desaparecieron, transformándose en un imponente escenario acuático en lo alto de una inmensa torre. La brisa del mar agitaba el corto cabello del presidente de Xenos, que se quedo un rato contemplando la vista hasta que dio otra orden mental a través de su adaptador Synapse. Instantes después, la pared enfrente de él se rematerializó y se abrió, mostrando a lo lejos un corredor típico de empresa y a una mujer acercándosele. Janis De Vries, asistente personal de Franz, caminaba hacía la oficina de uno de los hombres más poderosos de la galaxia, con una nota.

- Janis - decía Franz Miller -. Salió perfecta la charla de hoy, ¿No lo crees?
- Tu cara aparecerá definitivamente en la portada de todos los sitios del Synapse en unos minutos. - respondía Janis -. Nadie va a notar la hipocresía de tus gestos ni por un minuto.
- Tu delicada ironía siempre me ha hecho preguntar como mi padre no te remplazó hace años.
- ¿Es eso una amenaza a mi empleo? - preguntó Janis.
- Oh no, no, me fascina tu sinceridad y sabes que no podría vivir sin ti. Mejor dime que era ese asunto “urgente” que me enviaste con tanta insistencia.
- Ellos volvieron.
- ¿Y por qué no los has hecho pasar?
- Ya estamos aquí señor Miller. - dijo otra voz femenina.

Asistente y Presidente voltearon su mirada a la entrada de la oficina donde dos personas esperaban su permiso para entrar. Dos seres imponentes que irradiaban dolor y miedo a quien posaba su mirada sobre ellos. Dos leales servidores que Franz Miller recibió con un abrazo.

- Mitsuki, Shiro - decía Franz con felicidad sincera -. Es bueno verlos de vuelta.
- Gracias señor Miller. - dijo Mitsuki -. Tenemos noticias.
- Adelante por favor. Me encanta oír sus historias.
- Encontramos a Edward Lorentz. Lo eliminamos.
- Eso es perfecto, ¿Estaba en curso de escape del sistema de Rashya?
- Tal como usted informó señor.
- Bien, ¿Y el generador gravítico?

Franz miró a Shiro, su silencio era absoluto y su rostro no demostraba ninguna pista de lo que pensaba. Alrededor de su cuello, Franz notó que Shiro tenía una delgada película blanca que protegía la piel de la zona, descubriendo una cicatriz.

- ¿Qué pasó con Shiro, Mitsuki?
- Una herida del combate. Logramos inhabilitar y destruir el Gigas Opera. Pero antes, la nave logró saltar del espacio de Rashya y movilizarse hacía Presea.
- Presea - repitió Franz distraído.
- La destrucción y muerte del piloto y nave fueron confirmadas. Pero al proceder a recuperar la carga, fuimos atacados en la superficie de esa luna.
- ¿Por gente de la Federación de Comercio?
- Por el presidente Axe.

Franz retrocedió lentamente y fue a sentarse en la única silla del lugar. Miró hacía la pareja y su inmóvil posición desde donde reportaban. Janis se tapaba la boca en una expresión de genuino desconcierto, mirando fijamente la cicatriz de Shiro. Mitsuki continuó su relato.

- La herida en la garganta de Shiro fue producida por Axe al final del combate. No puede hablar, pero sigue en contacto conmigo por nuestro enlace neural privado. Pide, al igual que yo, sinceras disculpas. No fue posible extraer la carga de Presea, tuvimos que escapar.

Franz se levantó de la silla y volvió a acercarse a ambos. Puso su mano sobre el hombro de Shiro y los miro a los ojos.

- No hay problema - dijo él -. Encontrarse con Axeliano es cómo saltar en la mitad de un pulsar. Es un accidente terrible contra el que nada se puede hacer. No es culpa de ustedes. Aunque no debieron esperar a llegar a Xenum para decírmelo todo, pudieron mandarme un mensaje por el Synapse e ir directo al complejo medico de la empresa. Podrían regenerar los tejidos perdidos de Shiro.

Shiro negó con la cabeza y miro a Mitsuki. Ella comunicó luego a Franz.

- Es una herida de combate. Un recordatorio del contrincante que se alzó con la victoria. Shiro prefiere mantenerse así, al igual que yo.
- Ya veo - decía Franz -. Entonces Edward Lorentz está muerto y el destinatario de nuestro generador era el Presidente de la Federación de Comercio. Supongo que debí imaginarlo. Yo me encargaré de eso, tengo mientras otra misión para ustedes dos. ¿Están dispuestos a irse de nuevo?

Shiro asintió, al igual que Mitsuki.

- Charlaba hace unos días con Janis, comparando a nuestro amigo Edward con el famoso Axe. Tienen tan poco en común, pero sus historias se unen en dos puntos. Uno es la guerra y otro es su misión. - concluyó Franz, señalando a ambos Cobradores -. Les daré las coordenadas de un lugar al que irán cuanto antes. Es una nave del Congreso, quiero que la asalten y extraigan a alguien de ella. Luego enviaré instrucciones. ¡Janis!

La asistente del presidente buscó en su computadora personal hasta encontrar el perfil de quien buscaban. La cabeza de una persona flotó en el aire, cabello rubio, ojos azules y un nombre.

“Cris Tanner”

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