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Opera en el vacío - Capítulo 15

"Libertad o felicidad es la elección de todos los que nacemos humanos, Fyona". Eso me dijo Eus al sacarme del orfanato. Él no entendía. Una vida de temor y control no era mi idea de felicidad. Mucho menos la seguridad que me prometió. Si fuera verdad que todos nacemos iguales, que todos nacemos libres, no sería ésta la historia de mi vida.

La misma promesa de todos, la misma promesa de Rena. Protección, control, poder sobre mí. Todos se sienten responsables conmigo y creen que controlar lo que hago es lo correcto. Quizás Ed no, quizás no lo entendí. Está muerto ahora y ya no importa. Ahora importo yo, importa donde estoy y cómo salgo de aquí.

Recuerdo salir del contenedor de Opera, ver a Rena, dispararle por detrás y escapar de ella. Ni siquiera sé cual era su intención. No, lo sé, quería controlarme, como todos. Aunque sus intenciones fueran buenas ¿Fui injusta? No lo fui. Creo que estoy sedada, no pienso con claridad y mis ojos no se abren. Debo recordar que ocurrió. Subí a la valkiria, logré controlarla como Ed me mostró y despegué. La valkiria era sensible, delicada, difícil de manejar. Luego todo fue oscuro, la nave gritaba: Alerta de combate. Otra nave me derribó, la cabina se selló y sobreviví.

¿Estoy viva realmente?

No siento nada, no hay peso, como si mi cuerpo hubiese desaparecido. Pero la sensación es distinta. Siento que estoy cayendo eternamente.

...

¡Estoy en el espacio!

Es un avance. Ahora los brazos, sí, ahí están. Están atrapados por algo que los aprieta suavemente. Mis piernas también. En el orfanato había algo que se sentía similar, era un robot de cuidado medico. ¡Una enfermera! Estoy atrapada en una enfermera. Maquinas de recuperación post-cirugía. Pero no me duele nada, ¿Esto es un hospital? Tengo que abrir los oj…

He intentado abrir los ojos dos veces. En ambas ocasiones, la enfermera me ha inyectado un sedante más y más fuerte. Tengo que soltarme pero la maldita robot siempre reacciona a la aceleración de mi cuerpo, inyectándome. Calma, inhalo, exhalo, una y otra vez, lentamente. No debo alertarla. No debo liberar adrenalina. Si mi pulso sube, ésta horrible maquina me dormirá otra vez.

Dejo de respirar y abro los ojos lentamente, un milímetro por segundo. Estoy en un amplio cuarto en forma de colmena. En un lugar sin gravedad, no importa cual es el suelo y cual es el techo. Las paredes son de un blanco absoluto y en ellas, de lado a lado, hay decenas de enfermeras conectadas en red, como cualquier hospital. Todas las paredes están plagadas de esas cosas con forma de pulpo excepto dos. Una ha de ser el suelo, la otra la puerta. El suelo tiene varios estantes, escalones magnéticos y una computadora con neurosensor. La puerta es, obviamente, una pared limpia.

Lentamente muevo mis brazos, liberándolos del tentáculo de mi enfermera. El aire me empieza a faltar, no podré aguantar mucho tiempo la respiración. Sé que estoy desnuda, no hay otra forma de conectarse a una enfermera. Jalo suavemente el sensor de signos que está en mi pecho hasta que se suelta y flota. Saco mis pies de la maquina y arranco la aguja incrustada en mi cuello.

No resisto más, toso y respiro agitadamente. La enfermera reacciona y se lanza hacia mí intentando recuperar mi custodia. Pateo su estructura central y salgo flotando hacía la otra pared a toda velocidad. Varios brazos de la maldita maquina intentan atraparme pero no tienen el alcance. Vuelo al otro extremo y me sujeto de una de las otras enfermeras apagadas. Noto que en una esquina del “suelo” hay varios compartimientos y me dirijo a ellos esperando encontrar algo que ponerme. Mi vestido y una bata están ahí. La bata puede tener nanolocalizadores, sin embargo, mi vestido está roto. Desconfió de la bata, verifico que la batería en mi vestido aún tenga energía y me lo pongo. Busco los controles en la cintura y le pido que vuelva a tejerse a si mismo. Mi ropa empieza a repararse de inmediato.

Definitivamente estoy en una estación espacial. Este hospital es igual al del orfanato donde crecí y del que escapé tantas veces. Aquel refugio era un “Astillero Espacial” reformado como albergue de huérfanos, flotando en espacio políticamente interplanetario. Con suerte este lugar tiene la misma arquitectura base.

Observo la computadora al otro extremo de la habitación. Pueden detectarme al usarla, pero necesito saber donde estoy. Con suerte tendré acceso al Synapse. Floto hacia su neurosensor y lo toco, activando el holograma de información.

“Información medica. Anillo de microgravedad. Estación <Presea 2>”
“Abre conexión Synapse”
“Lo siento, éste es un sistema autista de información medica. Puede acceder al Synapse en las holopantallas del corredor de cirugía”

¿Quién hace sistemas desconectados hoy en día?

“¿Dónde estoy?”
“Sala de recuperación”
“Menos especifico”
“Hospital. Anillo central de la estación astillero <Presea 2>”
“Menos especifico”
“Estación astillero <Presea 2>, orbita geoestacionaria de la luna <Presea>”

Eso es un inicio.

“¿Qué datos tienes de Presea?”
“No tengo datos de Presea”
“¿Qué datos tienes?”
“Datos completos de mantenimiento de los robots recuperadores <Enfermeras>. Datos de pacientes en recuperación.”
“Lista de pacientes”
“Paciente no registrado en Presea: Fyona Fyodor. Paciente registrado en Presea: Edward Lorentz”

¿¡Edward!?

“Dame los datos de Ed”
“¿Edward Lorentz?”
“Sí”
“Treinta y seis años. Transportador registrado en Presea y Federación de Comercio. Ingresa a recuperación por cirugía de regeneramiento biomolecular el día 17 del mes Xel. Sale de recuperación el día de ayer, 19 de Xel. Prioridad Presidencial. Salud estable”

¡Está vivo! Pero han pasado cuatro días desde que llegamos a Presea. ¿Prioridad presidencial?

“Dame los datos de Fyona Fyodor”
“Trece años y cinco meses de acuerdo a calculo medico. Sin registros en Presea o Federación de Comercio. Ingresa a recuperación por contusiones mayores debido a accidente aéreo. Orden de mantener en sueño NREM por tiempo indefinido. Prioridad Estándar. Irrupción de flujo de datos en la enfermera encargada del paciente. Sistemas de mantenimiento vienen en camino”

¿Mantenerme dormida por tiempo indefinido? ¡Soy una prisionera aquí. Tengo que escapar rápido. Siento como mi ropa aprieta más mi pecho tras la reparación de sus tejidos. Cambio el vestido a un traje blanco y enterizo, con pantalón. Suelto una cinta de él y con ella me cojo el cabello, que vuela por todos lados en esta ausencia de gravedad. Ahora sólo debo recordar cómo escapaba del orfanato.

Floto hacia la puerta, una pared larga y blanca. Esas pared-puertas reaccionan al tocarlas, detectando la intención de salir de una persona y desvaneciéndose, como si nunca hubiesen existido en primer lugar. Obviamente sólo funcionan con personas registradas en el sistema, pero siempre hay controles de emergencia. Me impulso hacia una esquina, buscando el sensor que abre la puerta sin requerir permisos. Lo encuentro justo donde estaba en las puertas del orfanato. Es claro que la creatividad abandonó a los arquitectos de la galaxia.

La puerta se desvanece, pero no tengo donde impulsarme. Me empujo en una de las paredes aun visibles, vuelo hacía el otro lado y de allí hacía la salida. Al salir, la puerta vuelve a cerrarse, pero desde afuera no es una pared blanca sino una gran ventana que permite ver el interior de la habitación. Un aviso luminoso identifica aquel lugar como Sala de Recuperación.

Estoy perdida. Los ascensores de transporte siempre están en el centro de la estación, donde la gravedad es más débil. El orfanato era un anillo giratorio cuyo movimiento generaba una falsa gravedad en sus partes más externas. Para encontrar el centro sólo debo ir en contra de la gravedad. Tan lejos de los extremos es muy difícil sentirla, así que cierro los ojos y floto.

¡La siento! Un ligero jalón hacía mi izquierda. Hacía allá me empuja el giro continuo de la estación, hacia allá está el borde de los anillos, donde la ilusión de gravedad artificial atrae a todas las cosas. Hacía allá es a donde no debo ir, así que salto con toda mi fuerza en dirección contraria. Es fácil perder la orientación en gravedad cero, pero ahora sé a donde voy.

Saldré de aquí. Siempre hay transportes planetarios o ascensores espaciales al centro de las estaciones. Así escaparé. Me mezclaré entre la gente de Presea. Es una luna grande, como un planeta normal pero con muchas más personas. No será difícil perderme entre tantos federados.

Pero Ed está vivo.

Floto por interminables corredores, viendo cientos de robots médicos navegar de un lado a otro. Debería estar pensando en mi libertad, pero pienso en Ed ¿Qué importa él ahora? ¿Era realmente distinto? ¿Era él diferente al resto? Me sacó de Rashya, me puso en su nave y me dijo: “Puedo llevarte a otro planeta, uno bueno. O puedes volar conmigo.” ¿Eso hace que no sea como los demás? ¿A donde me habría llevado? ¿A Presea? Sí, es allá donde el dijo que me dejaría si no quería volar con él. Será en Presea donde estaré y quizás en Presea lo vea. No, eso no importa.

Pero claro, la vida no es justa de ninguna manera, por lo que las blancas luces de los corredores cambian a un rojo incandescente e intermitente. Una voz marcadamente masculina -que recuerdo haber oído en algún lado- repetía sin cansarse que alguien había violado la seguridad de la estación. Eso fue rápido. Me impulso más fuerte y vuelo a peligrosa velocidad por los corredores. Va a ser doloroso frenar. Esto no es el orfanato, es un astillero de una luna industrial. La seguridad es más fuerte. Guardias armados o robots vigilantes vendrán a atraparme. Estoy tan cerca.

¡Logré llegar! La pared translucida, que dice “Capsula al Ascensor espacial”, está a diez metros de mí. El aviso se desvanece mientras me acerco, hasta que ya no queda nada más que el vehiculo transparente en forma de huevo. Son capsulas que recorren, a alta velocidad, grandes autopistas de tubos que se encuentran dentro de todo tipo de satélites y estaciones en orbita. Es peligroso y pueden rastrearme dentro, pero si no escapo ya, me atraparán de todas formas.

Al entrar, los suspensores de la capsula atrapan mi cuerpo, inmovilizándolo para que no sienta la presión de la aceleración. Veo desde adentro como varios vigilantes voladores me recorren con su visión infrarroja; me encontraron. La entrada se cierra y la capsula se empieza a mover. Los vigilantes me persiguen, pero la capsula toma impulso y los deja atrás, encaminándose por un tubo hacia la parte más baja y central de la estación. Cuando llegue allí, tomaré el ascensor que me llevará a la superficie de Presea. Todo se oscurece, los tubos de transporte son completamente opacos. Una imagen holográfica aparece en el aire, indicando en un mapa tridimensional el recorrido de la capsula. A lo lejos escucho el sonido de una explosión. Sonidos de combate y luego silencio. Estoy a pocos metros de la plataforma del ascensor. Una luz me ciega al salir de los tubos opacos. Llego a mi destino.

Es una vista irónica. La plataforma del ascensor es una gran habitación circular donde la gravedad es el diez por ciento de la norma estándar. Las paredes son ventanas hacia el espacio, donde se ve el imponente espectáculo que es Presea, girando lentamente a lo lejos. Arriba, el planeta gaseoso dueño de la luna Presea. Un gigante lejano, pero aún hermoso.

Contrastando con eso, dentro de la plataforma, uno de los muchos tubos de capsulas está roto y humeante. Cerca de aquel tubo hay tres personas. Rena, arrodillada, con rostro de ira, ropa maltrecha y signos de pelea. Ed, calvo y con ropa rara y limpia. Otra persona, de cabello abundante y grisáceo, me mira y sonríe, apuntando con un bastón hacia donde estoy.

Caí completamente en su trampa, no podía soltarme de los suspensores de la capsula. Estaba presa de nuevo, atrapada, sin libertad y controlada por alguien más. Nunca tuve éxito al escapar del orfanato, siempre llegaba aquí, a la plataforma hacia el vacío. ¿Siempre llegaré aquí? Ya sólo me queda escuchar la vaga conversación que, a lo lejos, mantiene aquel hombre con Ed.

“¿Lo ves Edward? Tus niñas llegaron a tiempo.”

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