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Opera en el vacío - Capítulo 8

Una alianza. Atrapada en esta basura espacial que todavía usa metal en sus paredes. Atrapada por Edward. Y aun así se atreve a ofrecerme una alianza. Sólo puedo responderle apuntando mi Phalanx hacia arriba, a la ventana desde donde él me mira.

- Al fin la demencia espacial se apoderó de ti. - Le respondo.
- No Rena. Ambos tenemos algo que el otro necesita.
- No recuerdo querer algo de ti.
- ¿No peleaste allá abajo con las aeropatrullas?, ¿No destruyeron tu impulsor espacial?
- ¡Y eso qué! Mi objetivo era venir a cazarte y aquí te tengo.
- Digamos que me matas aquí mismo ¿Bajarás a Rashya a pedir que "por favor" reparen tu impulsor? La policía te busca igual que a mí.
- Entonces, ¿Cuál es tu trato? ¿Sacarme de este sistema solar usando el impulsor de tu Gigas? y...
- Y tú haces el salto hiperespacial con el generador de tu Valkiria.
- Luego, cada uno se va por su lado. ¿Verdad?
- Por supuesto.
- Sin tener en cuenta que mi objetivo es matarte y que a eso vine aquí.
- ¿No tienes nada más en tu vida, un pasatiempo o algo?
- Ed. Mi vida no gira alrededor de ti. Pero mi prioridad sigue siendo acabarte.
- ¿Entonces por qué no me has disparado?

¿Por qué no le he disparado?

- Yo tengo un trabajo que entregar en 3 días. - Me justifica Ed -. Tú quizás estés tras alguna recompensa.
- Y si no acepto. ¿Qué?
- Abro la compuerta inferior y te lanzo al espacio.

Ahora sí disparo.

- Oh lo siento, no quería romper en mil pedazos tu ventana. Es una lástima que ahora, si abres esa compuerta, a ambos nos succionará el vacío.

Oigo un grito, es una voz de niña, oh no, no Ed.

- ¿Quién más esta contigo?
- Mi hija.
- Tú no tienes hijos.

Ella se acerca a la ventana. Un vestido, cabello largo y desordenado flotando por doquier. Ella no es Espacial, Ed la debió sacar de Rashya. Es sólo una niña.

- Tú maldito desgraciado, ¿Compraste una esclava en Rashya?
- ¡Gah!, ¿Qué!? Ella no... Me rompieron una pierna por salvarla, soy un jodido héroe. Mi generador hiperespacial está dañado por su culpa y tú me dices que la compré...

La niña mira hacia otro lado y se aleja camino al comedor. Quizás sea verdad, pero él sigue siendo un idiota.

De repente, luces rojas se encienden por toda la nave y una voz masculina, extrañamente familiar, empieza a anunciar:
“Mensaje de Rashya: Están arrestados, apaguen impulsores y prepárense a acoplarse al puerto espacial”

- Ya está, no tengo tiempo para juegos contigo, Rena.

Ed se lanza hacia mí por la ventana. Intento dispararle pero me lanza su cuchillo, que se estrella en mi mano, haciendo que suelte el Phalanx. El cuchillo sale disparado hacia atrás mientras el Phalanx vuela en dirección contraria, sin control. Maldita gravedad cero.

En mi brazo derecho tengo una red. La disparo al techo y esta queda asegurada. Me balanceo en ella para esquivarlo, pero él está acostumbrado a los ganchos de su nave. Yo en el techo, él en el suelo, ambos nos impulsamos al frente. Lanzo un golpe a su cara, pero el intercepta mi mano e intenta hacerme girar. Enredo el hilo de la red en su cuello y logro que me suelte. Lanzo una patada en su estómago y la reacción me arroja contra la punta de mi Valkiria, que yace atrapada en la parte trasera.

Me golpeo fuerte bajo las costillas. Mi traje absorbió casi todo el impacto, pero aún así duele. Me desoriento y mi visión se nubla por unos instantes, pero puedo escuchar a Ed gritar.

- ¡Fyona, despega ahora!
- Jamás he piloteado una nave - responde ella a chillidos -. ¿Qué quieres que haga?
- Sólo ejecuta el programa “Escape” dentro de “EddieScripts”. Igual que hiciste con Arpón. ¡Hazlo!

Escucho a Ed acercarse. Apunto la red de mi brazo a cualquier parte y la lanzo. Siento un empujón a la izquierda y giro con todo el cuerpo. ¿Dónde era arriba? El mareo del cuerpo cesa. Veo abajo las alas de mi Valkiria y el techo. Veo atrás a Ed. Veo en frente mío una hoja de metal flotando, con la insignia forjada de la Flota de los Tres Soles y un nombre. “Opera”.

Tomo el cuchillo, roto mi cuerpo y blando el cuchillo frente a él. Él ya está a menos de un metro mío, con mi Phalanx, apuntándome a la cara. Esta de cabeza, sonriendo. Suelto el cuchillo. Ed apunta el Phalanx a mi mano y de un disparo rompe mi red. Todavía me queda una defensa. Todavía puedo derrotarlo.

- Los Phalanx son armas muy buenas. - Me charla, irónico -. En los tiempos de La Flota nos daban un aturdidor y una manilla de plasma. Pero esto, esto es tecnología.
- ¿Vas a matarme o harás lo de siempre y me lanzarás al espacio?
- Sabías - Continúa. Ignorándome -. Que esta pequeña esfera detrás del cargador permite regular la carga del gas ionizado, permitiendo que toda la energía se concentre en un solo tiro, desintegrando todo a su paso.

Gira el regulador con su mano izquierda y apunta a mi corazón. Desvío la mirada. ¿Por qué no puedo sostenerla en un momento como este? Veo su pierna, un pantalón ensangrentado, una venda de tela negra alrededor. Escucho un zumbido, es el Phalanx, cargando toda su potencia. No importa, lo miro a los ojos. Su mano está fuertemente asegurada a uno de los ganchos de la pared. El cañón del Phalanx tiene el brillo azul del disparo final. Los ojos de Ed están fijos, inmóviles en el objetivo. Pero no me apunta a mí, le apunta a... no, NO.

Una luz me ciega de repente. Un calor terrible recorre todo mi cuerpo y un ruido sordo revuelve mi cabeza. Ed sigue ahí, inmóvil en el aire. Yo sigo aquí, aturdida. Mi nave, mi nave no sigue ahí.

- Un disparo limpio a la línea de visión frontal de las naves Xenos Valkiria - Me dice, académicamente -. Y podrás hacer un hoyo directo a su estructura sin dañar sus mecanismos. Claro, las aeropatrullas hicieron ante un gran trabajo debilitando esa parte del casco, solo tuve que usar el 92% de la batería. Queda un 8% que será para ti. Así que giro de nuevo la bolita y...

Y me dispara al corazón en realidad.


- Ella no te disparó al principio y tuvo la oportunidad. - Dice una voz de niña -. Fuiste injusto.

No veo nada, sólo escucho esa voz, lejana. Todo es blanco. No tengo cuerpo, no existo. Mis músculos no responden.

- No la maté. Ella sí que quiere hacerlo desde hace dos años. No sabes nada de esto Fyona y en mi nave yo mando. Así que mando que te calles y mando que vayas al puente a revisar cuántos kilómetros faltan para hacer un salto. Voy a reanimar a Rena, quieras o no.
- ¿Me mandas?, ¿Ahora soy parte de tu tripulación?
- Desde ayer me pregunto lo mismo.

¿Ayer?, ¿Cuánto tiempo ha pasado? Siento algo que se suelta de mi brazo, escucho una puerta abrir y cerrar. Algo se aferra a mi cara. Es una mano, una mano que me aprieta con seguridad. Luego, me acaricia detrás del cuello y luego, veo.

- ¿Sabes cómo te llamas? - Me pregunta él.
- Rena Von Volfied.
- ¿Sabes quién soy?
- Edward Lorentz Schyelo
- ¿Tienes algún deseo de odio, de venganza o de muerte en mi contra?
- No.
- Ayer te disparé con esto. - Dice, mostrándome algo en su mano -. ¿Sabes lo que es?
- Plasma Cañón Phalanx de cargador de microfusión.
- Te di un impacto directo con él. Tu traje es impresionante; se quemó por completo, pero te protegió magníficamente.
- Lo recuerdo.
- Recordarás entonces que tuve que rociarte con Paxalina para tranquilizarte, por eso no me odias.
- No, no recuerdo eso.
- También te conecté un cable desfosforilador en tu implante neural. Por eso has estado en coma 10 horas. Un día entero.
- Estamos en un camarote de servicio - Recito mecánicamente -. De los ocho que tienen las naves de tipo Gigas. He estado aquí antes.
- Hace seis meses.
- ¿Por qué me cuentas todo esto? Es una desventaja táctica si soy tu enemigo.
- Como quisiera que fueras siempre como ahora. Te daría una dosis intravenosa de Paxalina si no fuera porque te volvería loca.
- No has respondido mi pregunta.
- Ya está pasando el efecto. Te cuento todo esto, porque lo que dice esa niña insolente no es verdad. No soy injusto. Te arrojé al espacio hace seis meses en una cámara de escape como esta porque no quería matarte. Disparé toda la carga contra tu nave porque no quería que escaparas, pero tampoco quería que murieras por ello. Te cuento todo esto, porque el trato es real. Yo te llevo al borde de este sistema, tú haces el salto espacial, hago mi trabajo, arreglas tu nave y nos separamos.
- Mentira, quieres convencerme de que eres bueno porque sabes que el generador hiperespacial de mi nave no se activa sino con mi llave biolográfica, sólo se acciona si lo hago por mi propia voluntad.
- Paxalina barata... Bien, es verdad, estás con vida porque no pude accionar tu hipermotor y porque, en general, no quiero matarte.
- ¿En serio ha pasado un día completo?
- Diez horas, sí.
- ¿Qué tan lejos estamos del borde?
- Fyona debería estar verificando eso.
- 5 horas - Dice la niña, Fyona, entrando a la habitación.
- ¿Ves? - Me pregunta Ed -. Medio día más, haces lo tuyo y no nos vemos jamás. Es como si yo muriera.
- Si tanto quieres que accione el salto hiperespacial - Le respondo -. ¿Por qué me ataste a esta cama?
- Eres impredecible, es lo que me agrada de ti. Pero he de tomar precauciones.
- Acércate un poco Ed, quiero decirte algo que no quisiera que la niña oyera.
- No soy una niña.
- Fyona - Le argumenta Ed a ella -. Es importante.
- Un poco más cerca.
- No hay problema.

Y le doy un cabezazo en la nariz, rompiéndosela

- Como si tuviera alguna opción, imbécil. Ya es fantástico que hayan escapado de los cruceros de Rashya con este cubo de basura. Activaré el hipermotor de mi Valkiria.
- Promete también no pelear conmigo - Me pide Ed, con voz gangosa por su nariz -. Es eso o que te de otra dosis de Paxalina.
- Supongo. No quiero estar vigilando mi espalda mientras esté en tu triste Gigas.
- Se llama Opera - Me dice Fyona, sorprendiendo a Ed.
- Con lo de mi nariz ya estamos a mano. - Dice Ed -. Es otro ejemplo de mi heroica justicia.
- No Ed, tú y tu esposa se me escaparon en Caladriel. Pero lo que me hiciste en Arturia no es algo que vaya a olvidar así no más.
- ¿No quieres ropa?

No había notado que estaba desnuda.

- Tengo un traje en mi Valkiria - Le explico -. Si es que no destruiste el núcleo también.
- No, pero preferiría tenerte alejada de tus juguetes. Fyona, ve al camarote dos y saca la ropa que está en el casillero del techo. Espero que te guste lo que usaba mi ex-esposa.
- Y por qué no vas tú - Le responde Fyona -. ¿O ahora me degradaste de copiloto a sirvienta?

Me río, me río a carcajadas en la cara de Edward. Es lo único que me queda. Ver su nariz rota y su cara de asombro por la insubordinación de una niña que él dice haber salvado. Es tan patético pero tan relajante. Una risa escondida por meses que se negaba a salir. Un odio ciego que mantenía a Edward como un ser superior, indomable e inalcanzable, ahora reducido a la burla de una niña.

- Hace frío Ed. - Le digo con sarcasmo.
- Mentirosa, toda la nave está regulada a 28 grados. - Y sale por mi ropa.

En mi cara aun se dibuja una sonrisa. Fyona flota cerca de la entrada, pero se queda conmigo. Yo, presa de esta cama, giro mi cabeza para verla. Una niña sin nada inocente. Una niña con los ojos de una vida dura. Unos ojos que me miran fijamente y un rostro que me saluda alegre.

Siento mi pecho crecer. Es la liberación de una carga. Lo supe en el puerto espacial de Rashya cuando noté que no era tan famosa. Lo supe cuando vi por última vez la cara de Ed, desde la ventana de un camarote como este, lanzándome al vacío. Sabía que así me sentiría, pero jamás lo vi. La gente se ciega en su obsesión tanto que termina idealizando al objeto de su locura. Pero todos somos personas, tan vulnerables como cualquiera, tan vencibles como cualquiera.

Tan alcanzables como cualquiera.

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