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Guía practica de New York para tontos

Un problema al escribir este artículo es que, extrañamente, disfruté el viaje. Eso me hace difícil escribir improperios contra la cultura consumista, fría, come-hamburguesas y abraza-inmigrantes neoyorquina.

New York es de los pocos destinos que realmente me atraía del país de las hamburguesas. Escenario histórico de varios giros de la humanidad y símbolo tradicional, es una ciudad enfocada en vender tanto como pueden de lo que sea, a quien sea y vivir tan lujuriosamente como sea posible.

Por ende, me encanta. Así que tomé todos mis ahorros y sin mirar atrás los quemé en Manhattan.


Al llegar, hice caso a mis consejos de la crónica de Miami y sin preocuparme por tomar el metro o buscar medios alternativos para llegar a mi hotel, tomé un taxi. El taxi tarda 40 minutos desde el aeropuerto JFK hasta Manhattan. Luego me comentaron que el metro tarda 2 horas.

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Taxi del aeropuerto JFK a cualquier lugar de Manhattan: US$50

Aquellos que hayan leído mi crónica de Cristalab Perú recordarán mi odio incondicional al innombrable frío Limeño. New York, por supuesto, no se podía quedar atrás. Al llegar a New York, sientes que caminas con trozos de hielo golpeando tu cara. Si no estás preparado para tal experiencia, acércate a la tienda china más cercana y ruega clemente por una bufanda y guantes.

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Consejo #1: Después de Octubre, lleva ropa como si de una expedición al polo se tratara.

Salí a las 4am de Bogotá y llegué a las 9pm a New York. Me aventuré a aprender a usar el metro (realmente fácil) y a llegar por mi cuenta desde la zona media de Central Park hasta la quinta avenida.


Hay muchas opciones para pagar el Metro. Un viaje cuesta dos dólares, pero hay una “MetroCard” que te permite viajar ilimitado por 7 días a US$ 24. Es la mejor opción. El metro de New York en sí es... viejo. Huele raro la mayor parte del tiempo, pero hace el trabajo.

Mi primera parada tras salir del Metro era la peregrinación que todo usuario de Mac debe hacer una vez en su vida. La Mac Store de la Quinta Avenida.


Mi objetivo allá era probar el jesusPhone, el iPod Touch y decidir si alguno de los dos valía la pena como reemplazo a mi Palm TX.


Comprarlo en la tienda me habría significado subirle 25 dólares al precio, mientras que comprarlo por Internet serían solo 13 dólares (Cosas de impuestos). Me dediqué a probar el iPhone. Los visitantes de la tienda parecen estar convencidos que la Apple Store es un café internet gratuito 24 horas, por ello, jamás sueltan un Mac una vez tienen control de él. Felicidades Steve, tu innombrable máquina de marketing es exitosa.

Salí de la tienda con el claro objetivo de devolverme al hotel. Pobre iluso. Caminé un poco por la quinta avenida (terriblemente aburrida, sólo tiendas “chic” alrededor) y mi mentalidad fue:
  • OK, camino una cuadra hacia abajo para ver qué hay y me devuelvo.
  • Oh, al fondo hay muchas luces
  • OK, tres cuadras.
  • Listo, cinco cuadras más hasta encontrar una estación de metro.
  • Que bonitos colores.
  • WTF! ¡Llevo caminando 10 cuadras ya!



Así fue como, tras pasar por una pantalla hipergigante de un M&M encima del Empire State, llegué a la catedral de las compras sin sentido, las limosinas por todas partes y el sobreexceso sin limite de publicidad. Times Square.


Times Square es la mancha de luz que se ve desde varias cuadras atrás en varias zonas de New York. Un pozo brillante de varias cuadras con un montón de edificios completamente tapizados en anuncios de todo tipo que cambian tan rápido que el cerebro promedio humano es incapaz de seguir a una velocidad coherente. Para que se hagan una idea, Times Square es a una calle normal, lo que Hotmail es a Gmail.

Times Square también le gusta ser “la X más grande del mundo”. Teniendo en su haber:
  • La megatienda de CDs y DVDs más grande del mundo (Virgin Megastore)
  • La tienda de juguetes más grande del mundo (Toys ‘R Us)
  • El edificio cubierto de anuncios más grande del mundo
  • Etc... etc..
Al final, después de un tiempo en Times Square, te pasa lo mismo que con los banners intrusivos de la web, te vuelves ciego a la cantidad de mega-anuncios.

El hotel que conseguí, Days Inn, es el hotel más barato existente en Manhattan con baño. Y aún así es carísimo. Hay agujeros de Satán mucho más baratos, pero estos tenían baño compartido, cuartos compartidos y otras condiciones que para el propósito de mi viaje no se ajustaban a mis intereses. El corredor para llegar a mi habitación tenía menos de metro y medio de ancho (Lo juro) y mi habitación estaba al lado de las escaleras de emergencia.

Pero el cuarto tenía baño.

Milagrosamente, el hotel tenía wifi. Nunca creí que recordaría las épocas de Internet por modem. Este engendro de conexión no superaba los 4KB/s ni siquiera a las 3am. Me dormí, abandonando esperanzas de transmitir o recibir video. A la mañana siguiente, asistiría al objetivo de mi viaje. La conferencia Future of Web Design.

La sorpresa, al ver por la ventana de mi cuarto, esto:


De Future of Web Design no hablaré mucho, dado que ya hice una crónica de la conferencia en un post anterior, sólo un par de fotos que no publiqué antes. La primera, mi encuentro con Jeffrey Zeldman, fundador de A List Apart y del Web Standards Project.


Es un hombre muy enfadado en general. Pero con razón, al parecer, toda su ropa fue tragada por una lavadora el día anterior de la conferencia.

La segunda foto, es la panorámica desde la zona de conferencias de Future of Web Design. El río Hudson.


Sobre el que, en una hora, sobrevuelan por lo menos 20 helicópteros. En esta foto hay tres ¿Los ves?

En el camino de regreso, mi radar geek me alertó de la presencia de algo interesante. El lugar donde murió Nikola Tesla.


Nikola Tesla, si no lo sabes, es el inventor de todo lo visible o invisible que estés usando ahora mismo a nivel electrónico. Mago de la electricidad y quizás el primer ser humano en crear un rayo de la muerte que arrasó una zona entera. Si no lo consideras un héroe, es porque eres un traidor ThomasEdisoniano.

Esa noche regresé por otra ruta a Times Square. Me encontré el lugar donde graban The Late Show


Y un aviso debido a la huelga de escritores. Jaja! Vayan por ellos, escritores.


Vi a un tradicional saxofonista de esquina, al que quise tomarle una foto, pero esta derivo en:


Quien después me preguntó, a gritos, si creía que estaba en el zoológico para tomarle fotos. Fingí hablar japonés y desaparecí de la escena.



Por recomendaciones de amigos, debía ver un musical de Broadway. Me acerqué a averiguar por el mejor musical de New York. Spamalot. Todo listo, compraría las entradas e iría el sábado.

Y entonces, me encuentro con...


¡JUAN VALDEZ! ¡CAFÉ DE COLOMBIA! ¡Mi tierra alejada de mi tierra! Lágrimas de orgullo corriendo por mi rostro y... no entré, tenía otras prioridades.

Hubo algo en lo que New York me estafó completamente: El Otoño. Ni siquiera estando al lado de Central Park veía árboles naranja o cafés. Todos los árboles estaban verdes y todo el frió indicaba un salto de verano a invierno sin el menor miramiento a los sentimientos del otoño.

Más importante que eso, el día no dura nada. Amanece a las 6:30am, pero anochece a las 5:00pm. Completamente oscuro. Así que salí rápidamente del hotel para aprovechar la luz y me encontré con la pesadilla Claber hecha automotor:


Un bus de dos pisos, quizás de construcción chilena.

No había visita completa a New York sin una mirada a Nintendo World Store y el Game Boy que sobrevivió la guerra del golfo.



El siguiente día. Wall Street.


Wall Street es famosa por ser el corazón financiero de ese país. Y por ser tan desordenada como pudieron. Al parecer, la zona sur de Manhattan fue construida sin la menor reglamentación, por lo que es normal encontrarte con calles en X, diagonales, transversales y las formas geométricas más misceláneas. Miren por ejemplo la siguiente foto:


Encontrarán edificios atravesados, un orden incongruente de calles y ¡Una iglesia al fondo! Es muy fácil perderse en Wall Street, sumándole que los edificios son altísimos y dominan por completo el horizonte. Como un laberinto renacentista. La bolsa de valores es aburrida, pero es divertido ver las pantallas con un gráfico del dólar en caída libre.


Como no hay visita completa a New York sin ver la estatua y además, no podía negarme a tomar un paseo gratuito en barco, me encaminé al ferry gratuito de Manhattan y zarpé hacia destinos desconocidos.


Terminé, efectivamente, en el carajo. Staten Island. Una especie de isla residencial cercana a Manhattan.

Luego fui al Brooklyn Bridge (Uno de los dos puentes colgantes famosos que unen a Queens con Manhattan), un puente más bien aburrido, pero con muchas fotos interesantes.



Y de ahí a Chinatown.

New York está invadida de chinos. La comunidad asiática de New York es increíble. Si Miami es de latinos, New York es de asiáticos. Llegar a Chinatown es cambiar de país. Todos los avisos (Incluso algunos de transito) están en chino. El aviso de McDonalds está en chino. Hay tiendas callejeras que te venden cangrejos vivos retorciéndose, al igual que pescados con vida, agonizantes en hielo.

Los chinos tienen una forma de negociar bastante agresiva. Empezó a llover, por lo que compré un paraguas en una tienda de ellos. Mientras decidía, la mujer de la tienda me vistió con una bufanda, un gorro de “I <3 NY” y otro montón de merchandising de la ciudad, asegurándome lo bien que me veía y cuantos descuentos me haría, en un ingles muy chino. Salí corriendo de ahí con un paraguas de 2 dólares y me refugié en un restaurante chino.


Si la comida china es “buena” en nuestros países, en un restaurante chino debe ser deliciosa, ¿verdad? ¿VERDAD?

El arroz chino y los langostinos fritos más horrendos que he tenido que sufrir en mi vida por 60 dólares. Salí de Chinatown, tomé el metro, llegué al barrio de mi hotel, abrí mi paraguas y se desintegró.

Maldito paraguas de 2 dólares.


Arriba encontrarán la agradable y calida vista de la salida de mi hotel. Incontables vallas de construcción por arreglos a la via adornaban el paisaje. Ese día iría a Central Park y a comprar un iPod Touch, tal como el jesusPhone nos enseñó.


Decir que Central Park es grande es entender mal a Central Park. Es masivo. Un kilómetro de ancho por cuatro de alto, con varios “escenarios”, un lago, museos y los peores Hot Dogs que he comido en mi vida (Así es, los hot dogs de New York son famosos, pero malos, no tienen nada). Compré varios libros en una venta callejera de libros que encontré y me encaminé, de nuevo, a la Apple Store.


Comprado el Touch (Y comprobado que fue una gran inversión), quería volver a Times Square. En la quinta avenida me encontré con un edificio MUY dorado, tan dorado que, no miento, los colores de la foto son tal cual como se veía en el mundo real:


Un centro comercial de varios pisos, en cuya entrada se encontraba “El Paraíso de Donald Trump”. Una tienda que vendía chocolates, corbatas, bolígrafos, botones, libros, audiolibros, fotos autografiadas, ropa interior, agua embotellada y cejas originales de Donald Trump. Lo juro.


Aquella noche decidí seguir mi ruta gastronómica de la desgracia e ir a un restaurante japonés a comer sushi.


Este sushi, afortunadamente, estaba rico. Sin embargo, la japonesa que me atendió, en tierno japonés, me exigió el 15% de mi cuenta como propina. Maldita.


Era esta la noche esperada. Iría a un musical de Broadway, Spamalot. Boletas compradas, todo listo, recibo un email. La noche anterior, los actores de Broadway entraron en paro, por lo que no habrían funciones.

ACTORES DE M|€@|~#. Sí, ahora sí esto es un viaje mío.

A la mañana siguiente, en ira, me voy a SOHO. El barrio “bohemio” de Manhattan.

Y me estrello contra esta tienda:


Si notan, en el momento preciso de tomar la foto, una paloma va en camino de la flecha “One Way”. La Oh My God Store (Sobra decir que esa no fue la intención del dueño de la tienda).

En SOHO también se encuentra Pearl Paint, la que ellos llaman “La más grande tienda de diseño y artes del mundo”.


Y en una pared gigante, encontré esto


SOHO es lo que para España sería el Top Manta, para Colombia, San Victorino, para Perú, Wilson, para... etc.


Es decir, un lugar con muchas tiendas, formales e informales. En edificios o en la calle, donde puedes comprar de todo. Forros chinos para iPod, televisores de alta definición, un equipo entero de DJ, bocinas para carro, maletas o una AK-47.

En un regreso más a la quinta avenida, pasé por la iglesia de San Patricio:


Que, curiosamente, queda muy cerca al edificio 666:


Y al inicio navideño del Rockefeller Center


Al que subí hasta el último piso, como otro paso obligado de visitante: Tomar una foto panorámica

A la derecha, el Chrysler Building:


En amarillo, el Empire State. A la izquierda en luces verdes, el Brooklyn Bridge (creo)


Lo que me lleva a mi ultimo día, tras una larga noche de empacar, pedí un taxi al hotel. Lo que no imaginé, es que estos cabrones no me trajeran un taxi, sino un auto privado ejecutivo. Tarde y sin opciones, tuve que tomarlo.


60 dólares después, partí. Una ciudad inmensa, llena de chinos, cosas que comprar y un agujero negro de dinero. Pero, sin lugar a duda, un lugar extremadamente divertido y lleno de gente que vale la pena conocer.


Quizás el único lugar de ese país donde me gustaría vivir.

¿Qué me queda tras visitas New York? Indudables ganas de volver, fue muy poco lo que pude ver de la ciudad, muchas oportunidades que tomar y muchos chinos que me pueden embaucar. Además de eso, también me queda esto de mi visita:


PD. Mis agradecimientos sinceros al Rey de España por hacer mi viaje no sólo posible, sino divertido. Gracias Juancho.

Todas las fotos del viaje en mi álbum de Flickr.

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