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Opera en el vacío - Capítulo 12

Presea es la luna de un gigante gaseoso que no tiene nombre. Fue terraformada con capital privado y no aparece en ningún mapa oficial del Congreso. Presea encabeza la red de colonias de la Federación de Libre Comercio, liderada por el famoso Presidente Axe. Posee una gran industria de vehículos espaciales, sondas mineras de recursos en espacio profundo y restaurantes de comida realmente natural, gracias a sus vastos campos agrícolas. Financiada por empresas descentralizadas y sostenida con el apoyo de los comerciantes interestelares. Una fuerza de producción comparable sólo con los campos automatizados de Xenos.

La Federación nació con Presea hace casi tres siglos, pero su éxito se dio después del final de la guerra, cuando Axe tomó el mando. La hegemonía comercial de compañías avaladas por el Congreso presionó para que los negocios de la Federación fueran una actividad ilegal y perseguida. Sin embargo, la Federación tuvo tal éxito con su campaña en el Synapse “El espacio no es de nadie” que el Congreso tuvo que negar públicamente intereses en organizaciones privadas.

Axe, en doce años de mandato, ha continuado con sus campañas en medios masivos. En el anuncio publicitario “Confía en los amigos”, la Federación anima a los planetas ex-aliados de la Flota de los Tres Soles a comprar a sus comerciantes y no a las empresas tradicionales. Avivar las memorias de la guerra ha causado que las Fuerzas de Paz tengan enfrentamientos extraoficiales con comerciantes espaciales, pero ha forjado una fuerte simpatía en las colonias más olvidadas.

    Reporte diario de actividad especial .Gaia Cod. 31052006
    Artículos referidos:
    Raul Axeliano Jiménez (Axe), Federación de Comercio, Presea, Xenos, Guerra de los Tres Soles (Meta)

    Publicado el [8086 Xel 16 - 6:90:84] T.U.E.
    stp:dotGaia.crypulsar.vacuum:reporteDiario

- ¿Está vivo? - Preguntó uno de los oficiales a Axe.
- Claro Leo. Que haya perdido toda esa sangre, que tenga el brazo en esa posición y que su cabeza apunte hacia su espalda realmente no afecta su estado de salud - Respondió Axe enfadado -. Si no tienes más preguntas, tráeme un lector ram-alfa y que tus hombres saquen esa caja de aquí.

Axe y sus oficiales estaban reunidos alrededor del único contenedor que sobrevivió a la caída del Gigas. Todos en una pista de aterrizaje en llamas, llena de escombros de robots, rastros de explosiones y lo que antes era conocido como la fragata Opera. Cuatro valkirias sobrevolaban el lugar y eso le recordó a Axe algo que aún lo molestaba.

- ¿Por qué sólo tengo a cuatro niñas en el cielo?, ¿Dónde está mi otra Valkiria?
- Todas las pilotos reportaron actividad normal tras la onda negra del Dragoon - le contestó Scipio, otro de sus oficiales -. Pero sólo ellas cuatro regresaron.
- ¿Quién falta?
- La valkiria de Shana. Quizás tenga problemas técnicos.
- Quizás... Shana no me cae bien ¿Dónde está el lector que te pedí Leo?
- Señor - dijo Leo -. Ha pasado mucho tiempo desde la muerte. No creerá que él cadáver aún tenga actividad cerebral.
- ¿Sabes quién era él?
- No señ...
- Edward Lorentz.

Los soldados de Axe se sobresaltaron.

- Edw... ¿El Edward Lorentz?, Entonces esos del Dragoon eran...
- Shiro y Mitsuki, los Cobradores ¿Puede alguien ir por ese lector?

Una de las valkirias descendió y un soldado extrajo de ella una maleta y una estructura circular de sondas y cables. Axe la recibió y fue hacia el cuerpo que yacía dentro del contenedor oscuro. Tomó su cabeza e intentó ajustar las sondas alrededor de su frente y sien.

- Señor, uno de mis soldados puede conectarlo. Tengo personal calificado.
- No es la primera vez que veo morir a esté hombre Leo. Ordena traer robots de limpieza y contención, quiero el lugar limpio y todas las piezas de está nave en un solo lugar.
- Lo hice cuando nos llamó señor.
- Bien. Scip, Fred, hay dos contenedores negros. Que sus hombres busquen alrededor del perímetro el otro. Usen las valkirias.

Axe y su oficial Leo quedaron a solas, en el lugar del accidente. Cuando Axe posicionó las sondas, varias agujas emergieron de los soportes del dispositivo, enterrándose profundamente en el cráneo de su apresado paciente. El maletín se abrió, revelando un equipo de interconexión neural similar al usado por los Adaptadores Synapse, pero incluyendo una pantalla holográfica y controles manuales. Axe extrajo un cable del maletín y lo conectó atrás de su nuca, en sus implantes.

- Leo.
- Atrás de usted señor.
- Cuando te de la orden, cambia en el lector de ram-alta a alfa. ¿Entendido?
- Entendido. Buena suerte señor.
- La suerte es para perdedores como Ed.

Axe cerró los ojos y su mente dio orden de inicio de conexión. Una holografía flotó arriba del maletín, mostrando el estado de ambos cerebros interconectados. El cerebro de Ed no respondía, el cerebro de Axe tenía un estado normal. Axe ya lo sabía, apretó los puños y dio una orden más al dispositivo. Las agujas liberaron millares de nanos y líquidos vitales en el cerebro agujeteado. En la holografía, luz intensa pasaba de un cerebro a otro hasta que la imagen de Edward empezó a mostrar reacción vital.

- Hazlo ahora Leo.

Axe se desmayó. Su conciencia se sumergió en un sueño profundo que de la negrura absoluta pasó a un carrusel de imágenes. Axe veía recuerdos que no eran suyos. Un desierto lejano en un planeta frió. Una guerra. La cocina de una nave. Explosiones. La Universidad Internacional en sus tiempos de gloria. Un robot de pesca. Una mujer. Axe recordaba a esa mujer, una antigua estudiante suya. Cris Tanner. Más imágenes de Cris. Recuerdos de Opera y, al final del camino, Edward.

- Apesta entrar a tu mente, Edward.
- Capitán Axe -. Dijo la imagen flotante de Edward Lorentz.

Ambos estaban en la nada, flotando entre sinapsis neurales. Axe había entrado a la mente de un cuerpo sin vida. Dentro de Edward.

- ¿Aún me llamas capitán en tu cabeza? Acabamos la guerra hace tiempo.
- Así que es usted realmente. Creí que era mi subconsciente jugando conmigo. ¿Estoy muerto?
- Si, de hecho, tu cabeza se desnucó.
- Pero pudo contactarme en semivida. ¿Qué pasó con Shiro y Mitsuki?
- Al niño lo herí, quizás esté muerto. La niña me hirió y escapó a costa de 3 de mis hombres.
- ¿El cañón gravítico? - preguntó Ed a Axe.
- No es un cañón, es un generador de energía gravítica de impulsión.
- Lo que sea, ¿Lo rescató?
- Tengo la parte que pusiste en el contenedor donde te refugiaste. Sin éxito por lo que vi. Mis muchachos buscan la otra parte.
- Hay una niña en el otro contenedor, debe estar mejor que yo. Eyectó antes de estrellarme. Ese contenedor se puede abrir desde dentro, así que...
- Entiendo. Me haré cargo. ¿Cómo quieres que sea tu funeral?
- ¿¡Qué!? ¡Me mataron trayéndole esto! ¿No llevará mi cuerpo a regeneración?
- Ah, eso es caro y tú no tienes dinero para una regeneración Edward.
- ¡Soy jodidamente rico! ¿No me dijo que me pagaría un millón de lairos por traerle esto?
- Aja, réstale a eso treinta robots de cien mil lairos destruidos. Veinte exotrajes de infantería móvil freídos y el entrenamiento especializado de dos soldados y un oficial.
- No... Pero...
- Todo porque no pudiste mantenerte fuera del radar mientras venías para acá y los Cobradores te volvieron a encontrar. Tenías que contarle a la mitad de la galaxia cómo te estrellaste valientemente en Rashya, ¿No?
- ¿Cómo sabe de eso?, yo no le conté a... Oh, la maldita suscripción automática a .Gaia.
- He tenido tiempos interesantes para que vinieras sin problemas. Y sin embargo, traes a mi casa a los Cobradores. Seré bueno está vez. ¿Qué opinas de un cuerpo androide?
- No, no, Capitán Axe, usted sabe que jamás...
- Déjate de formalidades Edward. No las usas en el mundo real, no me hables así dentro de tu mente. Un androide no es malo, descargamos tu mente a uno, recobras como el 50% de tus memorias y ya está.
- Axe, no voy a vivir metido en una cáscara de metal toda mi vida.
- Llevas metido en una cáscara de metal toda tu vida. Sólo que más grande y con nombre Opera.
- Te pagaré con mi propio dinero. Eres el jodido presidente de Presea, líder de la Federación, no te cuesta nada una regeneración.
- No. Si te pago la regeneración volverás a lo de siempre, tienes que aprender a...
- A nada, a nada. Es de mi vida de la que estamos hablando. Del fin de ella para ser preciso. Hice el trabajo Axe, a costa de mi vida y de mis pasajeros.
- ¿Ibas con alguien más aparte de esa niña?
- Ese no es el punto. ¿Regeneración?
- Tú sabes el dolor que se siente al ser regenerado. Debes permanecer consciente todo el tiempo durante el proceso para que las funciones corporales...
- Recuerdo perfectamente la última vez Axe.
- No has cambiado nada desde que dejé que tú y Cris escaparan juntos.
- No hablemos de Cris.
- La tienes en todas partes de tu mente.
- Deja de leer mi mente, lárgate de aquí y devuélveme a la vida, ¿De acuerdo?
- Te romperé la cara cuando estés vivo Edward.
- Me alegraré de tener cara cuando eso pase, Axe.

Leo veía con atención el estado del cerebro de su jefe mientras él y el cadáver estaban en el frío suelo de una de las tantas pistas espaciales de Presea. Mientras Axe salía de su trance y volvía al mundo real, cuatro de sus valkirias sobrevolaban la zona en búsqueda del segundo contenedor.

A lo lejos, cerca al lago bioluminiscente de los muelles de Presea, una verde valkiria había aterrizado. Su piloto acató las órdenes de alejarse de un Dragoon que liberó una extraña onda oscura alrededor del lugar. La nave parecía estar bien pero Shana, la piloto, después de muchos intentos, no pudo conectarse al Synapse. Con el transmisor dañado, Shana salió de la nave para enviar una señal visual de su posición. Del lago emergió una mujer, vestía un traje espacial con signos de golpes en el casco. La mujer salió del agua y caminó hacia Shana. Ella quedó inmóvil por unos instantes y luego quedo inmóvil del todo. Había acabado la misión para Shana.

- ¿Me escuchas? - Preguntó Rena -. Te disparé con un aturdidor de clase B, agradece que seas mujer.

Rena se quitó el casco de su traje espacial y sacudió un poco el agua de su traje. En el suelo reposaba Shana, inerte. Los ojos de Shana estaban clavados en el rostro de Rena.

- No morirás pero estarás inmóvil un par de horas. Tu cuerpo no soportará otro disparo del aturdidor. Te daría un ataque cardíaco y luego perderías el conocimiento. Sólo responde mis preguntas. Mueve tus ojos para decirme que sí o déjalos quietos para decirme que no. ¿Me entiendes?

Shana movió sus ojos.

- Muy bien - dijo Rena -. ¿Viste la nave de Ed, el Gigas?

De nuevo movimiento.

- ¿Ed está vivo?, es el piloto.

Shana movió los ojos a la derecha en un solo movimiento.

- ¿Eso significa que no sabes?

Los ojos se movieron enérgicamente.

- Voy a apuntar hacia una dirección, dime si estoy en lo correcto. ¿Hacía allá está el muelle donde Ed se estrelló?, mira mi dedo, ¿Hacía allá?

Shana asintió.

- Dime la verdad, tú viste como quedó el Gigas tras estrellarse, ¿Crees que Ed esté vivo?

Rena miró fijamente a los ojos de Shana, ahora quietos.

- Ahora, tomaré tu nave prestada. Gracias por la colaboración. - Rena miró al pecho de ella, leyendo su insignia -. Shana.

Rena caminó hacía la entrada de la Valkiria de Shana. Revisó los controles y verificó el estado de combustible de la nave. Las armas funcionaban sin problemas y ese modelo tenía arpones, lo que dibujó una sonrisa en su rostro. Salió un instante de la nave, miró el cuerpo en el césped y dijo.

- Lo siento Shana. - Disparándole una vez más con su aturdidor. Luego cerró la compuerta y despegó.

Ya en el aire, Rena notó el fallo de los transmisores Synapse. De un bolsillo de su traje espacial sacó su Adaptador y lo conectó a sus implantes. Levantó una pequeña tapa atrás del adaptador, conectándolo a la navegación de la nave. Sobrevoló rápidamente sobre el lago hasta que encontró los restos de su vieja valkiria. Desplegó los arpones y la enlazó a su nuevo vehículo. Las dos valkirias sobrevolaron Presea en dirección contraría al muelle. Hasta que Rena encontró lo que buscaba, justo donde recordaba que estaría.

Rena descendió en uno de los bosques jardín que rodeaban los muelles. Un contenedor oscuro sin puertas aparentes descansaba sobre el prado. Un paracaídas, dos retropropulsores y un largo rastro de tierra lo precedían. Rena salió de la nave, se acercó a la caja oscura y golpeó fuertemente uno de sus lados.

- ¿Estás viva? - preguntó Rena.
- ¿Quien es? - gritó una voz en su interior con tono desesperado.
- ¡Abre el contenedor Fyona!
- ¡No sé cómo! - respondió la niña.
- Desde adentro, debe haber algún botón o consola que controlé todo.

Silencio absoluto por unos segundos, sólo el aire y el cantar de los pájaros en la lejanía. Sonidos mecánicos llenaron el lugar y un silbido de aire a presión se escuchó. Entre una nube de aire comprimido se podía ver cómo los sellos herméticos empezaban a ceder. Un ruido seco indicó que las cuatro paredes del contenedor habían caído. Fyona estaba ahí. Una pulsera de conexión móvil en su muñeca izquierda aún encendida con un holograma del mapa de Presea flotando sobre ella. Fyona no podía ver quién estaba ahí, entrecerró los ojos intentando aliviar el ardor de la excesiva luz.

- Fyona. Soy yo.

Rena sonreía. No sabía por qué. No la conocía ni le interesaba, pero en su interior le alegraba que estuviera viva. Se acercó lentamente mientras notaba como Fyona abría sus ojos poco a poco.

- ¿Rena?
- No hay problema. Todo está bien.

Rena notó dos hilos de lágrimas cruzar el rostro de Fyona. Avanzó hacía ella y la abrazó brevemente, sabiendo que eso calmaría su shock. Sintió la respiración irregular de la niña, le acarició la cabeza y caminó hacia el contenedor. Tal como lo esperaba, encontró cuatro cilindros negros conectados a una raíz común, llenos de signos de peligro radioactivo. Rena tomó los cilindros y regresó a la nave. En su antigua valkiria tenía una habitación, pero en esta no había nada. Un área de carga con sillas, armas cortas y material médico. Rena dejó los cilindros ahí y sentó a la perturbada Fyona en una silla cercana a la del piloto. Antes de cerrar las compuertas de la Valkiria, Rena contempló el escenario por un momento.

- Fyona, dale una ultima mirada al paisaje de Presea, porque--

El cuerpo inconsciente de Rena se desplomó desde la compuerta lateral de la Valkiria, se golpeó con una de las alas en su caída y terminó en el suelo. Arriba, en la entrada de la nave, Fyona estaba de pie, con un rifle aturdidor apuntando al frente. Su rostro era indescifrable. Sin pensamientos, sin sentimientos, sólo una mirada perdida. Cerró la compuerta, soltó los arpones que unían ambas valkirias y despegó hacía el espacio.

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