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Opera en el vacío - Capítulo 17

¿Qué sentía Rena ahora mismo? Sus manos aferraban fuertemente los controles de su Valkiria y su mente sólo se enfocaba en escapar de Presea.

¿Temor asfixiante?

Sí, eso sentía. Hace diez minutos estaba en una estación espacial, con Axe y los demás. Hace menos de dos minutos vislumbró una flota de combate aparecer de la nada alrededor de Presea. Ahora mismo estaba escapando de allí, con Axe, el presidente de Presea, a bordo. Su cerebro conectado a su nave recibía en tiempo real información del entorno. Sabía que eran naves de Xenos, armadas y hostiles. Veía misiles orbitales despegar desde Presea para destruir los navíos enemigos. Sentía las explosiones termonucleares a su alrededor. Maniobraba fuera del alcance de los escombros por instinto. No pensaba racionalmente, sólo sobrevivía. ¿Hace cuanto no sentía la libertad del Synapse?

- ¡RENA!

Y Rena despertó.

- ¿¡Qué!? - gritó ella.
- ¿Sabes pilotear a velocidad orbital? - preguntó Axe a su lado.
- ¿Bromeas?
- Entonces vuela hasta estar a 406 kilómetros por encima de Presea.
- ¡Eso es justo en la cara de los cruceros de Xenos!
- Sí. En esa orbita, justo detrás de la luna está mi estación espacial de combate. Es un arcángel, resistirá muy bien los cruceros.
- ¿¡Tienes un Arcángel!?
- No puedes ser presidente sin uno. Si llegamos a él podremos usar su solución de fuego como cobertura. Además pueden empujarnos hasta estar fuera de este sistema solar. Entonces saltaremos a Auros.
- ¿Empujarnos?

Los sensores de la nave transmitieron a la mente de Rena la detección de una nave escapando con impulso subluz de la estación. Un Gigas negro.

- Ed y Fyona acaban de irse - informó Rena a Axe.
- Bien por Edward. Adelante, vuela, vuela. No, espera. Abre un canal de voz y sincroniza el enlace synapse de la nave con el de mi bastón.

A Rena le tomó un microsegundo cumplir la orden de Axe. ¡Que bien se sentía estar de nuevo conectada al Synapse! En cuanto lo hizo, Axe enlazó la Valkiria con un sistema de comunicación global en toda Presea y naves circundantes.

<< Ciudadanos de Presea y Flota en orbita. Habla el presidente de la Federación. Xenos ha iniciado su ataque contra nosotros antes de lo planeado. Sin embargo, confío en que todos en la superficie ejecutaron el plan de emergencia “Erizo”. Las estaciones en orbita deben mantener una continua grabación de los hechos y transmitirlos en tiempo real al Synapse. A toda la flota, peleen, peleen cuanto puedan. Los cruceros de Xenos no están tripulados, no duden, luchen y el daño colateral será mínimo. ¡Por la Federación!>>

Rena sintió cientos de naves de todo tipo desacoplarse como un enjambre de la estación espacial <Presea 2> y abrir fuego contra todos los cruceros de la corporación. Al mismo tiempo, más y más misiles despegaban de Presea. Esta era su oportunidad. Calculó rápidamente su vector de movimiento y encendió propulsores.

- Billy - dijo Axe, transmitiendo en privado hacia el Arcángel -. Habla Axe desde una valkiria no registrada. Responde.
- ¿Señor? Este es el comandante William del Arcángel <Tierra 1>. Es bueno escuchar que está bien señor y le aseguro q...
- Billy. Voy en camino. Prepara en la plataforma cuatro una catapulta.
- Sí señor ¿De qué clase señor?
- Para Valkiria. Un cuarto de poder subluz. De escape con frenado terminal.
- ¿Preparo también trajes antichoque?
- No hay tiempo. Hazlo rápido.

Rena no entendió nada.

- ¿Catapulta? - preguntó ella.
- Una pequeña cosa que inventamos en la guerra. Muy útil para que oficiales de alto rango escapen mientras sus subordinados mueren honorablemente en batalla.
- ¿Y los trajes antichoque?
- Detalles irrelevantes.

Al llegar al Arcángel, robots ensambladores y especialistas con trajes espaciales acoplaron a la Valkiria de Rena un gran anillo doble con dos inmensos impulsores espaciales. Los especialistas dieron a Rena señal de 20 segundos para que los propulsores iniciaran. Ella salió del arcángel y buscó el camino más corto para escapar del pozo de gravedad del sistema solar, apuntando la nariz de su valkiria hacia allá.

- Rena - le ordenó Axe -. Pega todo tu cuerpo contra la silla, abre la boca y deja fluir el aire por tus pulmones. Apreta fuerte el estomago.
- ¿Para qué? - preguntó con voz débil.
- Confía en mí.
- Perdonarás la poca confianza en...
- ¡Hazlo!

Rena obedeció, cerró los ojos, abrió la boca y sintió una pared de titanio estrellarse uniformemente contra todo su cuerpo. La catapulta era un motor subluz improvisado acoplado a un sistema de gravedad artificial centrífugo. Permitía acelerar a casi un cuarto de la velocidad de la luz al tiempo que disminuía al máximo los efectos que tal aceleración producía en seres vivos. El impulso tardaba un minuto, desde la aceleración inicial hasta la desaceleración total.

Rena, sin embargo, sintió horas y horas del dolor más indescriptible. Recordó como Ed dañó sus implantes neurales. Recordó las veces que fue herida por armas mortales. Nada, nada se comparaba. Al fin todo paró. Abrió sus ojos y vio sólo la oscuridad del espacio. Dos líneas de sangre salían de su nariz hacia atrás de sus mejillas. Su mente no entendía la situación y en el fondo, escuchaba a Axe gritar.

- ¡Salta! ¡Salta a Auros ya!

Axe no pudo esperar, desconectó a Rena de la silla del piloto y conectó la Valkiria a sus propios implantes. Tomó su bastón y transmitió desde su memoria hacia la nave varios bloques de instrucciones, que fue cambiando sobre la marcha. Eran programas, Rena lo veía. Axe estaba haciendo lo que hizo atrás con la estación espacial. Estaba reprogramando su nave. Su consciencia y su razón regresaron. ¡Es imposible reprogramar una nave a esa velocidad! Axe no conocía la configuración de la Valkiria y estaba reajustando todo. Eso lleva tiempo. La propia Rena tardó varias semanas. Axe no lo lograría, pero Rena estaba demasiado golpeada por la onda de choque para ayudarle.

Dos explosiones de luz incandescente rodearon la nave. Cruceros de batalla de Xenos. Axe los había subestimado. Era obvio que podían saltar desde donde quisieran. No fue difícil salir de la orbita de Presea y llegar al borde del sistema solar. Los iban a destruir. El cuerpo de Rena reaccionó inmediatamente. Rotó y flotó hacia la silla del piloto. Las naves enemigas apuntaron sus armas a ellos. Axe ejecutó el salto.

En el siguiente instante, la valkiria estaba en otro sistema solar, camino al planeta central de la humanidad, alumbrado por uno de los famosos Tres Soles. Auros.

- Una niña caprichosa, tu nave - comentó Axe -. Apropiada para ti.
- ¿Cómo hiciste eso? - preguntó Rena inmediatamente.
- ¿Qué?
- Reprogramar el comportamiento de una estación espacial entera y de esta nave en instantes. No hay ningún científico informático capaz de hacer eso en este lado de la galaxia.
- ¿Tu crees en la tierra Rena?
- ¿Eh?
- La Tierra. Ya sabes. El planeta de origen. Donde nació la humanidad.
- No.

La catapulta ahora era escombros alrededor de la Valkiria. La nave se reorientó y encendió sus impulsores espaciales, camino a Auros. Sería un camino de diez horas. Un día entero.

- Es extraño. La mayoría de gente piensa como tú. Ven a la Tierra como un Dios antiguo. No como un cuerpo astral que realmente existe. Algunos creen en la Tierra, otros son “ateos”.
- ¿Dios?
- Sí, ya sabes, un ser poderoso, invisible, el creador de la vida en el universo.
- Nunca escuche esa definición. Para mi “Dios” es el nombre que la Flota Internacional le gusta poner a naves caras.
- En tiempos de la Tierra la gente tenía muchas definiciones de Dios. Todas similares. Eran mitologías completas con historias bastante únicas. “Religiones” las llamaban. Millones de ellas.
- Suena bastante inútil - declaró Rena.
- No lo creas. Tenían un propósito para la civilización. En ésta época ciertamente no tendrían sentido. En aquel entonces eran muy importantes y valiosas.
- No quiero sonar a que me importa un infierno tu historia, pero tenemos otras cosas que pensar ahora mismo, ¿Qué tal si respondes mi pregunta?
- Infierno. Es otra cosa extraña. Las religiones se desvanecieron en la mente de la gente, pero el concepto de un lugar terrible donde obtienes castigo por tus actos jamás se fue.
- ¿Cómo reprogramaste eso en tan poco tiempo?
- No lo reprogramé. Tengo entrenamiento de historiador y arqueólogo. Tomo trozos de programas hechos por genios mejores que yo y los uno lógicamente para un propósito. No es lindo ni óptimo, pero es veloz. Soy veloz encontrándolos.
- Suena a lo que diría un “abducido del sinapsis”.
- Así los llaman ahora. Enfermos que no pueden vivir sin estar conectados al Synapse. El costo de conocer a fondo nuestra red de conocimiento es el ser absorbido por ella.
- ¿Y eso eres tú?
- ¿Te parezco secuestrado por el Synapse? Los abducidos son mentes débiles. Gente sin voluntad o con vidas especialmente aburridas. La historia ha llamado a personas como yo de muchas formas. Artifex, cyberfans, híbridos. Prefiero la antigua definición.
- ¿Cuál?
- Hacker.

Rena no dijo nada. Ese era un término que sí conocía.

- ¿Tienes comida aquí? - preguntó Axe.
- Atrás. Compuerta azul. Es pura proteína, no tiene buen sabor.
- ¿Estás a dieta o algo así?
- ¿Cuál es tu plan? ¿Derrocar al Congreso opresor?
- No cesas tu interrogatorio.
- Si voy a ser tu “asistente” es justo que lo sepa.
- Es justo. Pero te equivocas. No tengo nada en contra de nuestro glorioso gobierno de abducidos conectados. Me parece tierno como un tomate que un montón de personas sean elegidas por sus habilidades mentales con algoritmos automatizados para que luego en el Synapse escojan a doce personas de ese montón cada diez años. Me parece noble como soportan el estar en una conexión dedicada al Synapse durante un año entero, en crio-éxtasis. Vacaciones de un mes al año. Es un gran gobierno y con el sistema de votación IA-Synapse han eliminado muchos fallos de las viejas democracias.
- ¿Tienes un trauma con los tomates?
- Tú me preguntas mi plan. Es más simple que derrocar al gobierno. Quiero aplastar a Xenos de la manera más brutal, humillante y definitiva posible. Y ya gané la primera batalla.
- ¿Ganar? Me pareció ver a Xenos arrasando la superficie de Presea con cañones tácticos de alta energía.
- Ya había predicho esto desde antes de enviar a la esposa de Edward por el Generador de Energía Gravítica. Planeamos la estrategia en caso de invasión. Todas las ciudades estaban blindadas contra ataques. Funcionando bajo tierra. Distribuí baterías antiorbitales listas a disparar cada 1000 kilómetros de la superficie de Presea. Creo que disparamos hasta nuestro último misil orbital. También las estaciones estaban armadas para rechazar una invasión
- Eso no era una invasión, era genocidio efectivo. ¿Cómo es una victoria haber gastado todo tu armamento?
- Que bueno que no diriges una empresa. ¿Cuesta más perder cien naves o cien misiles? ¿Cuánto cuesta hacer naves no comerciales en serie con un impulsor prototipo como el GEG? ¿Cuánto cuesta perderlos? Esta es una guerra comercial declarada y he ganado mi primera batalla.
- ¿Y la segunda es en el Congreso?
- El Congreso está más que comprado por Xenos, pero ellos tienen sus límites. Quiero que fastidien a Xenos por ahora. Ganar tiempo es primordial hasta que Edward cumpla con su parte.
- ¿Y esa es?
- Ya la sabrás. No te arruines la historia y espera paciente.

El viaje fue pasivo y tranquilo. Protegidos por las grandes bases de la Fuerza de Paz en los puntos Lagrange de Auros. Cuidando al planeta central. Al acercarse más al planeta podían verse los cientos de estaciones espaciales y skyplex de lujo en orbita. Arturia. Titania. Royale. Inmensos centros comerciales espaciales y complejos de entretenimiento para los habitantes del lugar más influyente del universo. La entrada a la atmósfera fue una experiencia suave y tranquila para Rena, que ya había limpiado y curado los daños que había sufrido por la catapulta.

La valkiria aterrizó a varios kilómetros de la base de operaciones del congreso, en una construcción subterránea de parqueo. Al salir, Axe y Rena tomaron uno de los autos públicos que esperaban pasajeros. Dieron su orden en la consola del vehículo y este se elevó para llevarlos al Palacio Olímpico, símbolo del poder y el orden en la galaxia.

- Te mencioné la Tierra - le advirtió Axe a Rena -. Porque sólo puedes pedir una audiencia verdadera con el Congreso si crees en ella. Es su sistema de detección contra gente irrelevante.
- ¿Cómo saben ellos en lo que creo?
- ¿Tú no piensas que la audiencia es en el mundo real o sí?

El auto los dejó en el techo del Palacio, donde quedó a la espera de su próximo pasajero. Al tiempo que Axe entraba al edificio, otro Auto descendió. Era completamente plateado, con un chasis casi translucido. Tenía una extraña forma estilizada y su movimiento apenas generaba ruido en el aire. De él salieron un hombre y una mujer, que alegremente saludaron a Axe.

- Presidente Axe, un gusto verlo aquí. Imagino que ella es su nueva asistente. Un placer en conocerte, eeehm...
- Rena - respondió la mujer que acompañaba al recién llegado -. Ella es Rena Von Volfied.
- Eso - continuó el hombre -. Rena. Espero que disfrutes tu tiempo como asistente del señor Axe.
- ¿Quién es usted? - pregunto Rena, visiblemente molesta al ser identificada por la mujer desconocida.
- Oh disculpa por no presentarme. Soy Franz Miller, presidente de Xenos.

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